Evocando a Nacho
En estos días, en una mañana bien temprano mientras viajaba a Buenos Aires, escuchaba Radio Dos y noté una ausencia, tu ausencia. Creo que con acierto podría decir que era tu voz ausente, pero no tu espíritu.

Viernes 22 de Agosto de 2008

En estos días, en una mañana bien temprano mientras viajaba a Buenos Aires, escuchaba Radio Dos y noté una ausencia, tu ausencia. Creo que con acierto podría decir que era tu voz ausente, pero no tu espíritu. Recordé en ese momento, entonces, que se cumpliría en pocas horas más (hoy) un año de tu partida, de tu viaje, querido amigo Nacho Suriani. Me propuse entonces evocar tu figura y anoté en mi agenda: "Evocar a Nacho". Pero... ¿¡Qué decir?! ¿Qué podría decirse para no caer en el lugar común, en las palabras almidonadas y de protocolo? ¿Qué podría expresarse que no se haya dicho ya sobre tu persona y tu profesionalismo? Lo único que cabría es adherir, con profunda sinceridad, a las muestras de cariño y reconocimiento. Eso sí, quisiera expresar que estas palabras mías no son sólo un recuerdo, sino una evocación (como bien apunté en mi agenda) y aun cuando parecen conceptos distintos, para mí (y con la licencia de los grandes maestros de la lengua) no son lo mismo, porque recordar, bueno... se recuerdan muchas cosas, pero evocar tiene el sabor no sólo del recuerdo, sino del homenaje realizado con amor y gratitud. Alguien, un filósofo francés, decía que la vida aumenta cuando podemos ponerla en la memoria de los demás. Yo sé que estás en la memoria de mucha gente que te recuerda con amor, que te evoca, y por eso tu vida no se apagó. Como dije, es tu voz la ausente, nada más. En este día, Nacho, en que te evoco, no puedo menos que decirte otra vez más: ¡gracias! porque cuando te necesité estuviste allí, siempre.

Orlando Vignatti