Lunes 13 de Octubre de 2008
Nuestro país está sufriendo carencias. Muchas y de distinto origen. Optaré por echar un manto de olvido sobre algunas: la inmaterial que sufre permanentemente un tercio de la población. La indignidad que padecen casi 5.000.000 de mayores. La injusticia que se genera desde la Justicia. La inflación mentirosa y oficialmente palanqueada desde el gobierno a través del mentiroso Indec. La incultura generada por la aceptación de culturas foráneas en cuanto hace a terminologías, hábitos de vida, forma alimentaria y esparcimiento. Todas suceden en un país bendecido por su geografía y con un terreno riquísimo. Existe una carencia que hará palidecer a las otras en su conjunto: la carencia de tiempo para solucionar la escalada de violencia. No me refiero a la violencia ya desatada, sino a la otra, la contenida, latente, agazapada.Esta llegará a ser letal porque está dentro nuestro: es la del señor aparentemente pacífico durante la semana pero que genera toda su bronca y rencor durante un partido de fútbol. Insulta, se pelea, saca sus más íntimos pensamientos a la luz. Es la que convierte a los chicos de la escuela secundaria en rivales violentos de otros chicos porque asisten a clase en distintos establecimientos. Es aquella aflorando a flor de piel cuando somos robados, maltratados. Nos hace clamar por venganza (de hecho ya se suceden frecuentemente los casos de "justicieros"). Es la violencia íntima de la persona despedida de su trabajo (por la razón que fuere) y no encuentra sustitución laboral mientras sus necesidades se siguen acumulando. Es también la del chico sin ocupación que sólo puede atender a la escuela de una vida plagada de malos ejemplos, vicios, códigos secretos. El solamente recibe desprecio e indiferencia de sus pares. Es la discusión entre vecinos (de barrios o de edificios) por cuestiones nimias. Es la mala relación entre padres e hijos, integrantes de la pareja o patrón y empleado. No estamos en condiciones de eliminar la violencia ya desatada, al menos en plazos razonables de tiempo. Pero hagamos lo que mejor podamos para evitar que se desate la violencia contenida. Puede llegar a ser mortífera por el número de involucrados y porque no vemos desde ningún estamento oficial serios intentos de terminar con el estado de cosas que pueden llegar a generarla. Que no se transforme en un efecto violencia.
Rubén Baremberg,
DNI 6.012.531