Escuelas de jornada completa
Quiero a través de esta carta hacer llegar mi testimonio, tras haber leído accidentalmente el artículo de la periodista Marcela Isaías "Cómo funciona una escuela de jornada completa", el que hace referencia...

Jueves 18 de Septiembre de 2008

Quiero a través de esta carta hacer llegar mi testimonio, tras haber leído accidentalmente el artículo de la periodista Marcela Isaías "Cómo funciona una escuela de jornada completa", el que hace referencia a la Escuela de Jornada Completa Nº 58 de Juan B. Molina, publicada en La Capital el 28 de agosto pasado. Hoy, jubilada, resido en la provincia de Neuquén, pero desarrollé toda mi actividad docente en Santa Fe. Durante mi larga trayectoria laboral y habiendo ganado por concurso el cargo de directora tuve la responsabilidad de iniciar las actividades de la Escuela de Jornada Completa antes mencionada, cargo que desempeñé durante 11 años. Felizmente, había completado un curso de perfeccionamiento docente organizado por el Consejo Provincial de Educación de Santa Fe, obteniendo el título de profesora de educación primaria. Cabe mencionar que en esa circunstancia el Consejo Nacional de Educación crea 50 establecimientos escolares distribuidos en todo el país, con esa característica. En esa ocasión asumí el compromiso de elaborar el proyecto correspondiente, que implicó tener que acrecentar el cuerpo docente del establecimiento con docentes especiales que unidos a los maestros de grado se pusieron a trabajar con entusiasmo y dedicación; así es como ese primer grupo de alumnos tuvo la oportunidad de desarrollarse intelectual y manualmente. El enfoque que se dio a este quehacer escolar fue para brindar a los educandos un desarrollo social que en las acotadas posibilidades ofrecidas por el pueblo no era posible. Todo el personal docente, trabajando en equipo, se dispuso a investigar y a informarse en procura de capacitarse para lograr los mejores resultados en la tarea encomendada. Los maestros especiales coordinan la actividad áulica con las desarrolladas en los talleres de su especialización. Se organizaron viajes y exposiciones de los trabajos realizados por los alumnos, en las ciudades próximas. Simultáneamente la escuela se brindó e interactuó con el medio a través de su Asociación Cooperadora, Club de Madres y el Centro de Ex Alumnos, trabajando todos con entusiasmo, tan es así que se logró en conjunto gestionar, llegando a feliz término, la creación del primer establecimiento del nivel secundario. Esta era una necesidad imperiosa ya que estos hijos de agricultores no continuaban con su educación, atendiendo su temprana edad, a pesar de vivir a sólo 50 kilómetros de ciudades como Rosario, Pergamino, San Nicolás y Villa Constitución. Es justicia destacar que ese quehacer escolar y los logros alcanzados fueron posibles porque el grupo respondió al proyecto y así lo entendió el pueblo de J. B. Molina. Hago votos en su centenario para que se repitan hitos similares.

Adela M. Storioni de Arévalo, DNI 6.338.479