Domingo 08 de Junio de 2008
Símbolos de poder, pujanza o crecimiento económico, las fábricas de antaño, tal vez los principales embriones de la Revolución Industrial del 1700, se lanzaron desde su nacimiento como soberbios monumentos, símbolos de una nueva era que, de manera radical, modificaría para siempre nuestra manera de producir y también de relacionarnos con el medio ambiente. Ya Charles Chaplin, en su famoso filme "Tiempos Modernos", supo vislumbrar esa relación del hombre con la máquina. Monolíticos edificios con chimeneas más que humeantes, pensados para albergar diversos procesos de desarrollo en cadena, convirtiéndose Henry Ford en la más acabada expresión de ese nuevo paradigma. "Un coche para cada ciudadano" era en su momento la frase más resonante. Sin embargo, y aunque la gente de ese tiempo no lo sabía, pues no tenía el conocimiento que tiene ahora, y estoy comentando sobre la primera etapa de la Revolución Industrial, la carrera casi desmedida por producir pronto generaría como resultado diversos impactos ambientales negativos en el entorno inmediato de las fábricas, para más luego afectar, igualmente, amplios espacios geográficos. Naturalmente, en la Argentina este proceso también se fue dando aunque de manera más lenta, producto del alejamiento de los centros de poder político y económico. De esta manera, y con sólo buscar superficialmente, se pueden encontrar innumerables ejemplos de casos de contaminación en lugares tan alejados como la India, el Reino Unido, la ex Unión Soviética y la propia Argentina. Sino recordemos el lamentable estado en que aún se encuentra el riachuelo en Capital Federal debido a la constante descarga de afluentes líquidos y sólidos de compañías de los más diversos rubros. No obstante, desde hace un tiempo, a nivel internacional se comenzó a tomar conciencia de la necesidad de desarrollar productos y servicios, sin que por ello el impacto que se genere tenga que ser necesariamente negativo. Es por ello que los organismos oficiales deben crear un cambio de conciencia continuo y cada vez más profundo en los ciudadanos para que cada uno desde el lugar en el que se encuentre pueda contribuir a un cambio que pueda tornarse radical con el transcurso del tiempo, permitiendo que las empresas puedan desarrollarse económica pero también socialmente, que las familias puedan disfrutar de los avances y descubrimientos de estos tiempos. Pero siempre en la medida justa, sin abusos, porque de otro modo iremos avanzando en el desarrollo de nuestra propia destrucción.
Marisol Souza
DNI 28.572.152