El trole rosarino que nunca circuló en la ciudad
Transporte. En 1988 dos empresas fabricaron un vehículo eléctrico que lamentablemente careció de apoyo político y financiero

Viernes 03 de Mayo de 2019

A partir de sus desarrollos tranviarios, la ciudad de Rosario fue cuna de la industria carrocera nacional y se colocó a la vanguardia de la actividad hasta el día de hoy. Muchas veces, con logros que pocos conocen.

Corría el año 1986 y en ciertos ámbitos universitarios y empresariales se veía con preocupación la penosa situación de la red de trolebuses de la ciudad, que estaba en manos privadas. Como consecuencia de ello se creó el Comité de Transporte Urbano Eléctrico, que conjugó a profesionales y ejecutivos.

Surgió entonces la idea de fabricar un trolebús con la industria local, con vistas a reanimar el agonizante sistema. De las conversaciones surgió la asociación entre la carrocera Cametal de Villa Gobernador Gálvez y de Cramaco, una firma dedicada a la fabricación de motores eléctricos con sede en Sastre. Los mentores fueron los ingenieros José Lázare, por Cametal, y Edgardo Cragnolino, por Cramaco.

Los equipos técnicos de ambas empresas resolvieron tomar como modelo al autobús "Metrobús". Se trataba de un coche autoportante, sin chasis. Cramaco aportó el motor de tracción, mientras que el equipo eléctrico fue encargado a la firma húngara Ganz.

Hacia 1989, el trole local era una realidad. Fue presentado en ferias de transporte en Buenos Aires, a donde llegó por sus propios médios (remolcando un gripo electrógeno móvil que lo alimentaba). También tuvo un paso efímero por el entonces flamante sistema cordobés de trolebuses.

Finalmente fue llevado a México, donde fue probado en las redes de la capital azteca con resultados muy satisfactorios.

Horizonte complicado

Sin embargo, uno de los problemas incipientes fue que la fabricación en serie requería de aportes financieros muy importantes. Los interesados en comprar el vehículo esperaban que los fabricantes se los financiaran y ello no fue posible. Era muy difícil la inversión al contado. Fue sin dudas la principal complicación para colocar las vanguardistas máquinas rosarinas en el mercado del transporte.

En tanto en Rosario, la situación de la sobreviviente Línea K se debatía entre usar los nuevos colectivos Diesel (preferidos por los usuarios) colocados con la excusa de la crisis energética, y sólo seis troles de armado casero y en ruinoso estado.

El objetivo del empresario de entonces era lograr que la línea eliminase del todo la tracción eléctrica. Estaba claro que no se daban las condiciones para probar el trolebús Cametal/Cramaco en la ciudad.

Si todo esto no era suficiente, el dueño de la empresa de Sastre falleció en un accidente automovilístico, lo que le restó fuerza al proyecto. Tiempo después, lamentablemente fue abandonado.

Con el tiempo, Cametal entró en quiebra y el prototipo fabricado en 1988 quedó alojado en la planta de Villa Gobernador Gálvez, sin un destino claro.

La empresa compradora de la planta asumió la propiedad del trole. Desde la Asociación Rosarina Amigos del Riel iniciamos sin suerte gestiones para la donación del coche para museo, como ejemplo de la capacidad de la industria local. Pero más adelante se supo que el trole había sido entregado como parte de pago y que su destino final fue el desguace.

Otros intentos en la zona

Años después, la industria carrocera local se juntó para fabricar un innovador prototipo de ómnibus urbano de piso bajo: el denominado "CaLaDi Florida", modelo que pese a su extraordinaria performance fue objetado por los empresarios privados en razón del supuesto alto consumo y elevado costo de mantenimiento. Otro hito de los empresarios locales que quedaría en la historia.

En 2013 la firma Agrinar/Materfer de Granadero Baigorria pudo fabricar una serie de 14 trolebuses diseñados y construidos en conjunto con la Empresa Provincial de Transportes de Mendoza, reivindicando la capacidad industrial de nuestra zona. Esos mismos coches son los que circulan en el —reducido por razones políticas- sistema de la capital cuyana.

Pero nos quedará en el recuerdo aquel trolebús innovador y vanguardista de Cametal-Cramaco, que podría haber revitalizado nuestra red pero que careció del debido apoyo político y financiero. Y, ciertamente, también de buena suerte.


(*) Integrante de la Asociación Rosarina Amigos del Riel