construcción

El sueño de la vivienda propia

Domingo 29 de Agosto de 2021

Hace un poco más de dos años, junto a mi esposo encontramos la “oportunidad” que tanto estábamos buscando y para la cual ahorramos desde que nos conocimos. Encontramos un anuncio de una famosa inmobiliaria que vendía un departamento de pocos meses de construcción en la zona macrocéntrica de la ciudad. Cómo pertenecía a una reconocida constructora, su adjudicatario transfería el departamento y los casi 10 años que faltaban para adquirirlo en cuotas mensuales, que en ese entonces igualaba prácticamente al valor de un alquiler de un departamento de estas características. Fue la oportunidad que esperamos por mucho tiempo. Reunimos todos nuestros ahorros, recurrimos a préstamos de familiares y bancarizados y finalmente llegó el día de tener nuestra propia vivienda que sería el hogar, además, de nuestro hijo de entonces dos años. Pasaron pocos meses de la mudanza y todas nuestras ilusiones se fueron desmoronando al ver como nuestro departamento se iba deteriorando día a día. Los pisos flotantes comenzaron a levantarse, las paredes a agrietarse por completo, los techos de las habitaciones partidos al medio y paradójicamente la cuota, en tiempos de pandemia y cuando muchos de nosotros quedamos sin empleo, se comenzó a incrementar descabelladamente, cuadruplicando el monto mensual con el cual ingresamos a vivir. Realicé el reclamo pertinente a la compañía. Pasó un año y medio para que me den respuesta porque a la encargada de manejar el sistema posentrega “se le pasó mi reclamo”. Al intentar buscar la solución en la vía judicial, la empresa decidió “arreglarme” el departamento, por lo cual debimos mudarnos en plena pandemia, con un niño de tres años con serios problemas respiratorios y discapacidad, a un hotel, con todos los riegos que eso implicaría para nuestro hijo (quien debió ser atendido por urgencias y además le causó graves consecuencias a su salud). El arreglo que llevaría 4 o 5 días, llevo más de 20. Volvimos a nuestro hogar y cinco meses después comenzaron a emerger grietas, fisuras y humedad. El departamento “emparchado” se desmoronó como nuestro sueño por la vivienda propia. Nuevos reclamos, esta vez por un cambio de unidad. No podemos volver a mudarnos a un hotel y que a los cinco meses vuelva a suceder lo mismo, en un departamento que evidentemente tiene vicios en su construcción. Expliqué al gerente de la empresa que por consejo de los terapeutas de mi hijo y de los médicos que lo atienden no podemos continuar viviendo en un ambiente húmedo y lleno de polvillo (los peores enemigos para un niño alérgico y con problemas respiratorios). Le cuento además los retrocesos que mi nene había sufrido en su neurodesarrollo y las secuelas que aún estaban trabajando sus terapeutas. El gerente se mostró sumamente empático con mi persona, por todos los perjuicios que nos habían causado. Entendió lógico todos los planteos y se comprometió a darle una solución. A los pocos días enviaron una “arquitecta”, según dicen ellos, a mi departamento, quien constató sólo algunos desperfectos (haciendo “la vista gorda” con otros). Arquitecta que se negó a darme desde su apellido hasta su matrícula. La respuesta fue rotunda. Un informe “informal” que me enviaron por Whatsapp, donde continúan negándose a darme el apellido de Maite (la presunta arquitecta que constató en 15 minutos lo que pudo) y sólo “emparcharían” nuevamente las “pequeñas fisuras” sin asumir responsabilidad. Todo se convirtió mágicamente en pequeños “desperfectos” propios de los movimientos de un edificio que tiene 40 departamentos y sólo el mío tiene tales vicios. La “empatía” fue parte del “show” que montan para “calmar” al cliente y que continúe pagando la cuota mensual de 90.000 pesos que aumenta mes a mes en números de más de cuatro cifras. La salud de mi hijo sólo importa a sus padres y a los profesionales que lo atienden. El sueño de nuestra casa propia quedó envuelto en rajaduras, emparches y construcciones baratas que duran menos que la empatía del gerente de la empresa al igual que sus valores. ¿Y el interés supremo del niño? Bien, gracias.

Marianela Martin

Dni 30.485.217

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