Lunes 18 de Julio de 2022
Hace más de 200 años, el general José de San Martín luchaba por la independencia de nuestro continente. En esa época no existían las modernas formas de comunicación y el único medio era la correspondencia. El sable corvo de San Martín fue comprado en Londres en 1811, sin adornos, con empuñadura de ébano. Lo consideró especial para la caballería. Combatió con él por toda América del Sud.
Tras su muerte, por testamento, fechado en París el 23 de enero de 1844, lo legó a Juan Manuel de Rosas. Lo tuvo colgado en su cuarto, desde que su hija se lo entregó. Comparto textual, el testamento de San Martín, del libro “San Martín soldado de la Libertad”. “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el horror de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.
Después de la muerte del general el sable corvo quedó en manos de Manuelita de Rosas, quien recibió una carta del primer director del Museo Histórico Nacional, en 1896 pidiéndole si le podía donar la espada, ella accedió y desde Londres lo envió a Buenos Aires, donde fue recibido con honores y acompañado por los granaderos hasta el museo. Fue robado en dos ocasiones: en 1963 y devuelto; fue nuevamente robado en 1965, luego enviado al Regimiento de Granaderos, donde permaneció por 48 años. En 2015, regresó al museo, a una sala preparada para protegerlo, exhibido junto a los sables de los generales Manuel Belgrano, Lucio Mansilla, coronel Manuel Dorrego, el almirante Guillermo Brown y el brigadier Juan Manuel de Rosas.
Por Liliana Olivieri