Cartas de lectores

El rastreador ARA Fournier

Tenía apenas 10 años cuando una noticia me conmovió: se había hundido en las heladas aguas del Estrecho de Magallanes.

Sábado 15 de Septiembre de 2018

Tenía apenas 10 años cuando una noticia me conmovió: se había hundido en las heladas aguas del Estrecho de Magallanes, en cercanía de Punta Cono y Punta Arenas (Chile), el rastreador ARA Fournier con todos sus tripulantes y dos invitados civiles, los señores Wernicke (padre e hijo). Se lograron rescatar de un bote salvavidas los cadáveres de los tripulantes que conformaban el llamado "puente" del barco, abrazados y con sus pies hacia dentro y la piel ennegrecida por el frío. No llegaron a vivir 90 minutos por el intenso frío y los vientos. Mi pasión por la lectura y las noticias no se detuvo jamás. Entre la tripulación del Fournier destaco al guardiamarina ingeniero de máquinas, Osvaldo Rodolfo Moutin, cuya familia de Rosario le alquilaba a mi padre la casa ubicada en calle Balcarce 1237. ¡Tenía apenas 25 años! Con él y en él, rindo homenaje a todos los que perdieron la vida convirtiéndose en héroes eternos e inolvidables ya que ofrendaron lo más valioso de un ser humano que es su propia vida, o mejor dicho, 77 vidas, convirtiéndose en la mayor tragedia marítima en tiempos de paz de la Argentina. Estando a punto de cumplirse 69 años, destaco que en el cementerio La Piedad existe un monolito que recuerda al barco y al guardiamarina Osvaldo Rodolfo Moutin (promoción 74). En épocas de crisis de todo tipo tan sostenida, en un tiempo falto de ejemplos, sería bueno para la ciudadanía en general tenerlos presentes y dejarles una flor.

Broma de Basalvilbaso

Tal vez no sea el mejor momento del reclamo de la clase pasiva, pero había que exigirle al titular de la Anses, Emilio Basavilbaso, que no los humille. Es sabido que es un sector en el que se especula con la fecha de vencimiento pero ninguno está más expuesto a la devaluación que los jubilados viendo a diario como se licúa su magro ingreso, sólo en remedios. El ministro en su arenga política manifiesta que los mismos están actualizados en un 20 por ciento acorde a la inflación del año, y con los magistrales aumentos que han dado está todo equilibrado, gracias a su fórmula positiva. Yo le recomendaría a este señor que antes de decir tamaña zoncera tomara contacto con la realidad, que no se trata de, como sugiere, algo coyuntural, de algún mes excepcionalmente. Creo que lo que se están terminando no son los problemas, sino los jubilados sometidos a una lenta agonía en vida.

La programación de la televisión

Tengo entendido que al aparecer la TV el propósito inicial era llevar como mínimo, educación al televidente y sin intervención de propaganda comercial alguna. Indebido lenguaje, muestras vergonzosas de señoritas del ambiente artístico con atuendos de playa exhibiéndose descaradamente. Noticias policiales que casi todos los canales más comunes transmiten por largo rato, mostrando lo amarillo de la cuestión. Conductores de programas despotricando intensamente y con un enojo hipócrita que nos obliga a pensar que es el gran negocio de ellos. Sí, no hay dudas, los que se enojan son los que supuestamente más rédito económico tienen. Muchos de una catadura moral que da vergüenza ajena, pretendiendo sostener que tienen la solución de todos los problemas que soporta el país. Campañas con pañuelo verde o celeste, o especímenes representando a clases sociales de dudosa representatividad, pidiendo esto o aquello y que verdaderamente son un paquete de pedidos a fuerza de cortes de calles, piquetes, rotura de elementos públicos como si fueran dueños de la verdad. Otrora, los programas radiales o la filmografía debían pasar por el equipo del censor monseñor Miguel Paulino Tato, quien tijera en mano decidía por la moralidad de lo que iba a emitirse o exhibirse, al diablo con la libertad de expresión. A callarse la boca y a aceptar lo que él y su grupo decidían a favor de la moral y las buenas costumbres. Lo apodaron "El señor tijeras". Fue severamente cuestionado pero habremos de convenir que en aquel tiempo no existía la mentira piadosa, esa de "Programa no apto para menores de...". Hoy, prácticamente a toda hora del día la programación televisiva se inscribe en esa falacia que nos venden.

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