Cartas de lectores

El Papa no vota, pero sabe

Sábado 29 de Julio de 2017

Algunos nombres y apellidos provienen de la antigüedad, y su origen se pierde en el tiempo. Otros se han formado por distintas circunstancias en épocas más cercanas, como el caso de la recepción de inmigrantes en Argentina, ocurrida en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. Llegaban por millares, se los atendía respecto a sus necesidades básicas en el Hotel de Inmigrantes y luego se los despachaba hacia lugares que demandaban mano de obra (trabajo no faltaba). Como algunos estaban indocumentados, se les preguntaba apellido y nombres otorgándoles rápidamente un documento nuevo. En esos diálogos con los empleados de la Aduana, muchos, al no entender bien nuestro idioma, en lugar de contestar cuáles eran sus nombres decían en qué lugares les habían prometido contratarlos. Provienen de aquella situación apellidos dobles como Tienda Gallo, Mercería Beltrán, Campos Villegas, Mercado Palermo, y otros por el estilo. Cabe destacar que así como arribaron italianos, españoles, árabes y judíos honestos llegaban algunos con pésimos antecedentes, tal el caso de Honorio Cardinali, que en el trámite de rigor le dieron el curioso nombre de Honesto Cardenal, porque también era frecuente la traducción apresurada. Este sujeto integrante de la camorra italiana fue preso al poco tiempo de llegar al país acusado de pedofilia y ser autor de un robo a mano armada al Hospital Infantil de Socorros Mutuos, hecho al que el diario Transparencia dedicó grandes titulares tales como "Honesto Cardenal resultó un ladrón amoral". Por este motivo, el apresuramiento de algunos funcionarios eclesiásticos y la poca información que recibía por entonces el Papa, dieron origen a un sonado conflicto internacional entre el Vaticano y la mencionada publicación ya que el individuo fue confundido como un miembro de la curia. Mucho le costó al editor del diario probar ante la Justicia vaticana que el nombre original del llamado Honesto Cardenal era Honorio Cardinali y que no tenía ninguna relación con el mundo eclesiástico. Los tiempos han cambiado, ahora el Papa se informa bien como lo demuestra su último mensaje "Hipocresía y manos ligeras", actúa con cautela, no hace viajes previos a elecciones ni compra propuestas de liebre que terminan en gato. El hombre sabe quién es quién, por lo cual el fundamento de la iglesia aún no está totalmente perdido. Que el Señor -y los lectores de La Capital- me perdonen por este relato de fantasía sin ninguna relación con personajes de la vida real.

Omar Pérez Cantón

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