Miércoles 19 de Marzo de 2008
El actual rostro oscuro del Hospital Italiano tiene su origen cuando trabajaba ahí. Desde el primer día de trabajo sufrí los embates de una estructura que no sólo se resiste a cambios sino que, cuando parece jaqueada por alguna de las muchas crisis que ha atravesado, resurge fortalecida con los mismos nefastos personajes que se creyó desplazar, paralizando cualquier acción reformadora. Cuesta creer que opera allí un sistema de castas, como en la India, sin otra nobleza que la antigüedad en el ejercicio de un poder territorial, segmentado por intereses banales, por cuya defensa no se duda en llegar a las amenazas personales y en ciertos casos a la agresión física. Se describe un escenario de caos administrativo, de corrupción, que alimenta y genera ese caos que forma su hábitat más confortable. Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial, necesitamos todas las palabras para hacerlo real. Este rostro oscuro que lastima más y más a los trabajadores de la salud, que aumenta la angustia y las penas, hace que no todas las personas puedan soportar este momento. Consciente de que ningún hecho social, cultural o político acontece por generación espontánea y rebelde, creo fervientemente en que hay una salida para este laberinto. La progresión dramática del relato, remite a un procedimiento básico la ficción, pero los hechos y las circunstancias son reales. Esta situación extrema dispara una serie de preguntas inevitables: ¿cómo recuperamos el buen nombre del Hospital Italiano?, ¿cómo recuperamos la credibilidad en la sociedad?, ¿cómo recupera el personal de planta la credibilidad de sus autoridades, en donde hoy sí y mañana no? Espero que este rostro oscuro nos deje de acosar, porque la única víctima de esta historia son los trabajadores.
Jorge Clavere, DNI 8.617.276