El fin de semana largo
Miniturismo, carreteras atestadas, espectáculos, bares, restaurantes sin mesas vacías y, en simultáneo, las ceremonias de la transición democrática nacional, provincial y municipal.

Viernes 16 de Diciembre de 2011

Miniturismo, carreteras atestadas, espectáculos, bares, restaurantes sin mesas vacías y, en simultáneo, las ceremonias de la transición democrática nacional, provincial y municipal. Me propuse presenciar, escuchar y leer todo lo posible tanto de los protagonistas principales -presidenta, gobernador e intendenta- como también los juramentos y declaraciones de las segundas líneas políticas y demás personalidades del quehacer cívico vertidas en los medios de comunicación a mi alcance. En estos momentos intento ordenar lo escuchado y leído dejando que prime el sentimiento. ¿Cuál ha sido el resultado de este ejercicio? Fue el último párrafo de una crónica policial, escrita por el periodista Claudio Berón de La Capital el día viernes 9, la que se fijó como centro de mi sentir. En ella describe una más de las muertes violentas de "chicos difíciles" asesinado de un balazo en uno de los tantos barrios pobres de mi Rosario. Cierra su conmovedora nota con la siguiente imagen: "La droga lleva a esto. Acá en el barrio es terrible. Todos se drogan y si no querés te matan. 'Lo digo de frente', sostuvo su abuelo, mientras acariciaba la fría frente del chico, perdida entre la mortaja de un cajón barato". Soy madre, abuela, maestra jubilada y mi mirada, sin duda, está sesgada por las infancias, que no quiero ver más envueltas en mortajas dentro de cajones baratos. Reflexiono e intento resumir. No encontré en las declaraciones y juramentos de nuestros dirigentes -rescato sólo el de la ministra Chiqui González- un fuerte compromiso para encarar y aportar soluciones a este mal de infancia que estamos sufriendo. Estos asesinatos de criaturas -incluyo también como víctima al asesino- parece que son sólo noticias del día. Me siento responsable. Todos los que por suerte nos ha tocado una infancia con casa, comida, escuela y rayuela en la vereda, no podemos seguir insensibles a esta feroz situación. Aceptando como inevitable estas muertes-vivas estamos también accionando gatillos. ¿Qué hacer desde nuestro sencillo puesto de ciudadano? No bastará con comentar esta situación angustiante con los vecinos ni será suficiente organizar marchas ruidosas pidiendo más móviles policiales, cámaras de vigilancia o que se reduzca la edad para que nuestros chicos sean juzgados con la vara adulta. Creo que deberíamos intentar sumar voces y poner en marcha pequeñas actividades concretas, integrándonos a espacios sociales locales tales como bibliotecas, clubes, organizaciones vecinales y talleres comunitarios, con sólo los colores blanco y celeste, para forzar desde estos puestos-base voluntarios, acciones micropolíticas que estimulen la fuerza popular para exigir, a quienes corresponde y tienen el mandato, las intervenciones adecuadas para recuperar la vida en estos espacios de exclusión. No basta con votar.

Amanda Paccotti