Cartas de lectores

El ejemplo de España

El 25 de octubre de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa entre el gobierno encabezado por Adolfo Suárez y los principales partidos con representación parlamentaria.

Martes 10 de Septiembre de 2019

El 25 de octubre de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa entre el gobierno encabezado por Adolfo Suárez y los principales partidos con representación parlamentaria. El principal objetivo era estabilizar el proceso de transición al sistema democrático que había comenzado con posterioridad al fallecimiento del dictador Francisco Franco en 1975. Participaron, entre otros, Felipe González (PSOE), Santiago Carrillo (PC), Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) y Manuel Fraga (AP). La clase política española dio un extraordinario ejemplo de civismo y, fundamentalmente, de patriotismo. Luego de varias décadas de autocracia franquista políticos con ideologías antagónicas como Manuel Fraga (derecha conservadora) y Santiago Carrillo (comunismo) priorizaron el bien de los españoles. Lo único que les importaba era garantizar la transición que condujera a la implantación definitiva en España de la democracia como filosofía de vida. Ello no significó que Fraga y Carrillo traicionaran sus ideas políticas y económicas. Lo que hicieron fue poner la nación española por encima del conservadorismo y el comunismo. Demostraron estar a la altura de lo que les demandaba la historia. No fueron egoístas, mezquinos. Pensaron en el bien común, en su país. Como argentino no puedo dejar de sentir envidia por esa clase política que, aún con sus miserias a cuestas (porque en definitiva los dirigentes mencionados no dejaban de ser seres humanos), fueron capaces de actuar como verdaderos hombres de estado, como estadistas. Para aplaudir de pie.

Hernán Kruse

Buscar llenos de esperanzas

"Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina. Uno…", y sigue la letra del tango genial que quienes peinamos canas conocemos en profundidad. Hoy, quizás más que nunca, consustanciados con ella. Porque, ¿qué otra cosa hemos hecho hasta ahora que no sea ir en búsqueda de la paz, la Justicia, el trabajo, la educación y la dignidad para todo el pueblo argentino cada vez que hemos colocado el voto en la esperanzada urna, lograda con tanto sacrificio y dolor? Don Enrique Santos Discépolo nos recuerda haber perdido el corazón que dio sin poder olvidar la que ayer lo destrozó para amar nuevamente. Y los argentinos dimos el corazón reiteradas veces, y reiteradas veces nos destrozaron no sólo el corazón, sino el alma, la economía, el estudio, el futuro soñado. Y hoy como ayer nos recitan nuevamente en campañas emocionantes que estremecen la piel, intentando hacernos creer que hallamos "el camino de los sueños". Palabras. Hermosas palabras que necesitamos escuchar, pero mucho más necesitamos que sean ciertas. Quizás sería bueno ir más allá. Crecer en el dolor. Aprender. Darnos cuenta de quiénes fueron los candidatos de hoy, quiénes son, qué quieren para nuestro país. Para ello que nos cuenten sus planes, y analicémoslos. Que nos digan cómo harán junto al pueblo para que el frío cruel del odio no impida que la Argentina remonte como el Ave Fénix desplegando sus alas en el vuelo que merece. Por su historia, por sus héroes preciados, por su suelo, su naturaleza, sus viejos, sus niños, su gente.

Edith Michelotti

Proverbio elocuente

Días pasados me sorprendió una carta de lectores, publicada en uno de los más prestigiosos diarios de la ciudad de Buenos Aires, enviada por una mujer que por su número de documento se asimilaba a mi edad, y que en uno de sus párrafos expresaba este sabio proverbio de Kioto: "Las grandes obras las sueñan los sabios locos, las ejecutan los luchadores natos, las disfrutan los felices cuerdos, y las critican los inútiles crónicos". La nota finalmente elogiaba al actual gobierno, que sin duda cometió varios errores, pero que a pesar de todo tuvo la valentía de sostener 21 millones de cheques que cada mes reparte el Estado, a personas que cobran jubilaciones, pensiones, y una multiplicidad de planes sociales para las clases más empobrecidas. Aunque sin embargo estos últimos, dueños de una renta que ya parece vitalicia y proviene de organismos de crédito internacionales, y de los impuestos abonados por los pocos que trabajan en el sector privado, desde el día siguiente en que asumió el actual presidente crearon un caos en la sociedad argentina que está a la vista de todos en cada jornada, y en modo especial de aquellas personas con cierto grado de cultura y honestidad.

Felipe Demauro

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