Martes 13 de Septiembre de 2022
Tengo casi 70 años, siempre en Argentina. He vivido, participado, comprometido y sufrido las sucesivas etapas por las que transcurrió nuestra sociedad. Y si hubo una constante fue la del discurso del odio. La grieta no es un invento actual. Nació con la Patria enfrentando unitarios y federales y fue cambiando de “cara” según las circunstancias sociales.
Pero la constante es que si bien el nivel de enfrentamiento físico pudo tener etapas suavizadas en el campo de la comunicación oral y escrita fue cada vez más violento. Basta recordar pintadas como “5 x1 no va a quedar ninguno”, “Viva el cáncer” o “Haga Patria mate un judío”
Y la culpa es de los medios... ¿o de quien los lee y repite? Y la culpa es de los políticos... ¿o de quién los votó y reeligió? Y la culpa es del otro... ¿nunca es mía?
Cuando publico algo no demoran en gritarme sos macrista. Pero en el posteo siguiente me gritan sos KK.
Y al siguiente me pegan el sos un zurdo. Obvio que tampoco me faltó el agravio de sionista. Tampoco falta el de machista. Y todos tienen algo en común: me mandan a estudiar porque lo que digo, simplemente no lo entienden ellos.
En casi todos los casos cuando propongo el debate y expongo mis argumentos no son capaces de contraargumentar y caen en agravios y agresiones. Entonces resulta que el discurso del odio no está solo en los políticos, en los dirigentes, en los medios... si no que está en cada uno de nosotros y los protagonistas solo muestran lo que nosotros queremos escuchar y repetimos mostrando más ignorancia que sabiduría.
En nosotros está la llave para terminar con el discurso del odio. Si lo rechazamos y exigimos diálogo. Si lo rechazamos y tendemos puentes para comprendernos, seguramente podremos corregir este destino que nos lleva cada vez más a la profundidad del abismo.
Claudio Gershanik