El despertar de Argentina
Los países siempre tienen un despertar, más allá del fenómeno que los produce. No se trata de si fueron los Kirchner o el campo, pero en algún momento los habitantes de este bendito país tenían que saber el verdadero significado de la democracia.

Viernes 18 de Julio de 2008

Los países siempre tienen un despertar, más allá del fenómeno que los produce. No se trata de si fueron los Kirchner o el campo, pero en algún momento los habitantes de este bendito país tenían que saber el verdadero significado de la democracia. Reconocer que el país es nuestro y es como una enorme empresa. Si los dueños dejamos en manos de terceros su manejo, tenemos el deber de controlar, decidir y elegir a los óptimos porque vamos a ser responsables de su fracaso o de su éxito. El solo hecho de comenzar a reclamar a los delegados, aun en los pueblos más pequeños y alejados del país, nos da muestra de que hemos aprendido cuál es el funcionamiento de las instituciones y la responsabilidad de votar a los mejores. Los medios de comunicación, que llegan a los lugares más recónditos y entra en los hogares sin pedir permiso, muestran a la gente un problema que inmediatamente los incita a definirse. De un lado o de otro, todos empiezan a sentir el profundo significado del deber y el derecho cívico. Con mucha o poca instrucción, el analizar este tema los convierte en ciudadanos responsables. Este lamentable conflicto, que desde mi punto de vista podría haberse evitado, mueve los sentimientos más profundos de nuestra juventud. Ellos serán los que redefinan este país y se harán cargo de llevarlo adelante con buenas intenciones, sabiendo las consecuencias que producen la corrupción, la inmoralidad y la injusticia. Los jóvenes que van a las concentraciones y a las plazas, guiados por un deseo interno de participación, nos emocionan, nos llenan de orgullo y optimismo en el provenir. Como la felicidad que nos provocan nuestros hijos y nietos al dejarnos entrever una continuación honesta y revitalizadora de nuestra identidad. Vemos con satisfacción que el país está creciendo y saliendo de un largo y cruel letargo. Los rostros crispados, los sentimientos encontrados, las discusiones sobre los diversos temas y el seguimiento apasionado de lo que hacen nuestros representantes muestran un pueblo comprometido, alejado de los renunciamientos y de las dictaduras que adormecieron el cerebro. Hoy podemos pedir, dentro de un gobierno elegido por el pueblo, que se respeten nuestros derechos. Todos sabemos de memoria las obligaciones que tenemos y que todos los días se encargan de remarcarnos, pero el empezar a luchar también por nuestros derechos nos vuelve soberanos. El pueblo está despertando, no cabe duda. Está cansado de peleas internas, de robos, mentiras, manipulaciones. La Argentina de hoy es distinta, el hombre es otro, no acepta más dictadores, ni mentirosos, ni aduladores. El miedo de algunos agoreros sobre la desestabilización, guerra civil o la futura división de los argentinos, no es cierto. Estamos viviendo el dolor de parir una nueva Nación. Los gobernantes están ante otro país, con otros reclamos y otras necesidades. Su accionar está controlado de cerca por una mayoría que no le va a permitir caer nuevamente en los errores del pasado y una sociedad que quiere dejar de mirar hacia atrás y descubrir un porvenir enriquecedor para sus hijos. Una nueva patria nos espera. Argentina está despertando y quiere ser libre, justa y soberana.

Leonor Lijov,

leolijov@yahoo.com.ar