Lunes 04 de Febrero de 2008
Días atrás nuevamente las calles de Rosario se mancharon con sangre. Sangre de inocentes que pagaron con sus vidas la negligencia, la estafa, el ocultismo, la desidia, la corrupción. Seguramente se cerrará la carátula tildando de homicida culposo a un pobre laburante chofer de micro que volcó en una curva entrando a Rosario desde la ruta 34. Pero nadie aportará los nombres de los asesinos que andan sueltos y sus cómplices que no terminaron nunca el enlace desde ese lugar del accidente a la avenida de Circunvalación. Eso es lo que se oculta, la figura de los amigos del poder que seguramente se enterarán del hecho cuando regresen de Punta del Este o Pinamar donde estarán gozando de vacaciones como muchos de estos accidentados pensaba disfrutar. Pero los otros lo están haciendo con nuestro dinero, con el que robaron y nadie los encarceló, y ni siquiera publicaron sus nombres y el de sus cómplices para que la ciudad los desprecie y los danmificados puedan enjuiciarlos por corruptos y asesinos. Mientras estas cosas sigan ocurriendo y la rama nos tape el bosque no gastemos tiempo y dinero en buscar cómo evitar muertes, accidentes, desgracias personales. Lo que debemos hacer es exigir de cualquier manera que se haga, no que se prometa y prometa. ¿O acaso ahora deberemos esperar que se designe al presidente del PJ para que el país arranque nuevamente? Quizás estén volcando sus esfuerzos para acelerar los trámites del tren bala para ingresar al primer mundo, o para utilizarlo el día que el pueblo se canse para huir lo más rápido posible y con destino desconocido.
LE 7.588.943