Covid-19

El confinamiento y sus destinos

Viernes 28 de Mayo de 2021

Hay negacionismos para todos los gustos, incluso el que no le reconoce aristas desfavorables al confinamiento relatándolo casi como un oasis existencial. Desmoronamiento económico, instalándose una nueva forma de desigualdad para quienes ven significativamente reducidos sus ingresos, interrupciones en el seguimiento de patologías no Covid-19, dificultades en la adecuación a las nuevas modalidades educativas, tanto por no disponer de los recursos virtuales como por sus inciertos resultados y un incremento de las situaciones y sentimientos de soledad y aislamiento. Evidencias generalizadas de ansiedad, temores exacerbados, actitudes regresivas y tendencia a la depresión son algunas de las señales que demandan atención. Argentina es uno de los lugares donde menos horas de clases se han impartido en el mundo. En la mayoría de los países, la ciudadanía y los políticos consensuaron el interés por la educación presencial y diseñaron protocolos muy exigentes con muy buenos resultados. La escuela nos invita a aprender y compartir. El aprendizaje es una apertura al mundo, al descubrimiento y desarrollo de nuestros recursos personales; y por sobre todo, aprender es socializarnos, vincularnos en la realidad de los intercambios por fuera de las pantallas. Las estadísticas indican que uno de cada tres usuarios de pantallas es menor de edad. Las recomendaciones de las asociaciones de pediatría no son muy escuchadas: de 0 a 18 meses nada de pantallas, y a partir de ahí sumas muy paulatinas de tiempo. Recientes estudios muestran que cuando su uso es mayor en los primeros años, se pueden encontrar deterioros en las destrezas motoras y resolución tanto de problemas como de respuesta a la socialización. Las habilidades virtuales no se reflejan necesariamente en el mundo real. Promueven la vida sedentaria y los recursos perceptivos quedan reducidos a la vista y al oído, y la inmediatez de las respuestas en estas tecnologías podrían presentar dificultades para la construcción de actitudes que requieren de más tiempo para su procesamiento, como por ejemplo la empatía. La vida familiar, encapsulada tanto en espacio físico como en la restricción de sus interacciones habituales está más expuesta a desbordes emocionales que pueden derivar en maltrato. Las investigaciones realizadas no son muy optimistas. Tampoco con los jóvenes, donde ha aumentado el número de adicciones y expresiones de angustia. ¿Serán las llamadas “fiestas clandestinas” la forma sintomática de expresar lo alienable del confinamiento? Asimismo, muchos ancianos en situación de aislamiento, en la primera ola europea, no pudieron sostener su deseo de vivir. La salud es psicosomática y siempre está expuesta a mayores niveles de fragilidad en situaciones de excepcionalidad, tanto personales como sociales. Y esta fragilidad incide negativamente en la respuesta del sistema inmunológico. El confinamiento puede ser una necesidad pero difícilmente una ventaja.

Beatriz Salto

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario