El cerco patológico de Cristina
Si algo me faltaba para convencerme de mi humilde opinión sobre "mi presidenta", fue el lamentable estado psicofísico que capté durante su discurso en el Chaco el día despues de la derrota.

Sábado 19 de Julio de 2008

Si algo me faltaba para convencerme de mi humilde opinión sobre "mi presidenta", fue el lamentable estado psicofísico que capté durante su discurso en el Chaco el día despues de la derrota. Ya no solamente la vi sorda y ausente al clamor popular como siempre, sino que la sentí quebrada, con sonrisas fingidas, los labios inflamados, tratando de disimular el malestar que le producían los preparados cánticos de la gente, que desgraciadamente la confunden y le hacen creer que ese es el pueblo. La radio, la televisión, los diarios, la gente en la calle, en el trabajo, casi todos la repudian aún reconociendo que por la democracia no debe renunciar, pero que una vez más los argentinos tenemos mala suerte con nuestros presidentes.

Me da pena, la presidenta Cristina Kirchner está rodeada de un cerco patológico que no sólo no le deja ver la realidad, sino que se la presenta invertida, y considero que eso es lo que la lleva a pronunciar esos discursos retorcidos. Más en sus ojos, en la expresión agotada que aun el maquillaje no logra disimular, se nota una mujer quebrada. Habla de traición, y no la hubo. Habla de incomprensión, que sólo tiene ella. Habla y trata de aparecer fresca y segura. No lo está. No puede estarlo. Y aunque aborde por la tangente el fracaso vivido, y no tenga capacidad para tomarlo frontalmente, aparece otra vez, dueña de una soberbia que no importaría mucho si no fuera porque ocupa la primera magistratura de nuestro país.

Edith Michelotti