Arbol

El árbol, una obra de Dios

Sábado 14 de Agosto de 2021

En las composiciones de 2º grado de la escuela primaria decíamos: “el árbol es bueno porque nos da sombra y madera”. Después fuimos creciendo y aprendiendo que los bosques reducen la erosión al evitar mediante las hojas y las ramas que las lluvias impacten directamente sobre el suelo. Que por el proceso de fotosíntesis, las hojas absorben el dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera y lo convierten en oxígeno puro enriqueciendo el aire del entorno. Que otro efecto favorable de los bosques consiste en almacenar agua de lluvia que impide inundaciones. Y que no hay que olvidar el aspecto paisajístico. La naturaleza regaló a muchos árboles bellas flores. Así en nuestra ciudad los lapachos se visten de rosado, los jacarandaes de azul y a la vera de las rutas los aromos lucen sus racimos amarillos. Los árboles de hojas no perennes, pintan una hermosa y romántica postal dorada en cada otoño. Las arboledas son complementos naturales en las orillas de ríos, lagos y lagunas; y los álamos conforman las clásicas alamedas que protegen del viento a los viñedos. Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), desde 1990 el planeta ha perdido millones de hectáreas de bosques por distintos motivos (las cifras son contradictorias). Por ello se impone una intensa reforestación en calles, avenidas, plazas, parques y áreas rurales del mundo. Sin embargo, en relación a las grandes siembras de árboles y según escribió Arantxa Herranz en Madrid, expertos alemanes sostienen que plantar bosques en tierras fértiles es restar suelos productivos y alimentos; mientras que hacerlo en tierras pobres, significa ingentes gastos en riego y fertilización nitrogenada. Por ello sugieren que se deben estudiar otras medidas para la reforestación. Queda planteada así una interesante polémica. Hay un himno al árbol casi desconocido creado por Hugo Liscano y Javier Galué, cuyo estribillo dice: “Al árbol debemos solícito amor, jamás olvidemos que es obra de Dios”.

Edgardo Urraco

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