historia

El Acta de Rancagua

Sábado 24 de Abril de 2021

Existe un episodio no muy difundido asociado a la vida militar de San Martín, conocido como “El Acta de Rancagua” que fue revelada en 1871, 50 años después de firmada. Rancagua es una ciudad chilena situada 87 kilómetros al sur de la capital trasandina. Por otra parte, el arroyo Del Medio divide a Santa Fe de Buenos Aires. Y el Cepeda es otro arroyo afluente del Del Medio que también desemboca en el Paraná, y en cuya cañada ubicada en territorio bonaerense fue librada la batalla que lleva el histórico nombre de Batalla de Cepeda. Hecha esta indicación geográfica, debo decir que en dicha batalla se enfrentaron el 1º de febrero de 1820, los unitarios de Buenos Aires, al mando del director supremo general José Rondeau, el general Martín Rodríguez, el coronel Gregorio Perdriel y el general Juan Ramón Balcarce dirigiendo la infantería, contra La Unión de los Pueblos Libres, comandados por los caudillos federales Francisco Ramírez, de Entre Ríos, y Estanislao López, de Santa Fe, con la participación de militantes de José Gervasio Artigas, de la Banda Oriental, y del general chileno José Carrera. La batalla ganada por los federales produjo días después de la contienda armada, el 11 de febrero, la renuncia del referente unitario Rondeau. Ese día dejó de sesionar asimismo el Congreso de Tucumán que lo venía haciendo en Buenos Aires, quedando acéfalas por esos hechos las Provincias Unidas del Río de la Plata. En virtud de tales sucesos, San Martín pasó a ser el general del Ejército de los Andes de un Estado inexistente. Más tarde, en marzo de 1820, con un clima de total desorden en Buenos Aires y de anarquía en las provincias, le fue ordenado suspender su marcha a Perú y concurrir con su ejército a Buenos Aires para combatir a la anarquía. Don José desobedeció la orden y el 26 de marzo de 1820 en la chilena ciudad de Rancagua, reunió a su plana mayor y le entregó su decisión escrita de renunciar, dado que el Congreso y el director supremo ya no existían y de ellos emanaba su autoridad. Además solicitó a la plana mayor que eligiera un nuevo jefe para continuar con la causa independentista iberoamericana. Pero el 2 de abril de 1820, los oficiales del Ejército de los Andes se reunieron (siempre en Rancagua) y proclamaron, en la famosa Acta, escondida no se sabe por qué durante medio siglo, que la autoridad de San Martín no caducaba dado que “su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable”. Ese apoyo fue confirmado por O´Higgings en nombre del Estado de Chile. Todo lo referente a la vida de San Martín representa un motivo de emocionada evocación: desde su bautismo de fuego en San Lorenzo, hasta el abrazo con el coronel Manuel Olazábal en enero de 1823, bajo la sombra de un manzano que ya no existe en la mendocina Tunuyán, tras su último cruce de la Cordillera.

Edgardo Urraco

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario