Viernes 11 de Abril de 2008
He presenciado con tristeza en los últimos días el lamentable estado en el que se encuentra la educación en nuestro país. Adolescentes prácticamente linchados por sus compañeros, acuchillados, palizas a maestras, etcétera. La decadencia educacional que se viene dando hace una década está llegando a límites irracionales, ni hablar de los últimos cinco años. Escuché decir al ministro de Educación de la Nación que la culpa de la violencia no es de la escuela, que en la escuela no se enseñan ni festejan esas conductas, que la culpa es de los adultos, más precisamente de los padres y el entorno familiar, que hay que saber ponerles límites a los hijos, y tiene razón. Lo que sí es culpa de la escuela y del sistema educativo en general es la inacción al respecto, el mirar hacia otro lado, el no sancionar, el creer que todo puede resolverse como por arte de magia. Hay una negativa oficial a volver al sistema de sanciones disciplinarias, yo me pregunto: ¿tan mal educados fuimos nosotros en nuestra niñez, cuando valores como el respeto mutuo y a las autoridades eran cosa de todos los días? Tengo 33 años y no conozco a ninguno de mi edad que se haya traumado por recibir amonestaciones cuando se mandaba alguna macana. Entonces, ¿por qué no aprender de la experiencia? El cambio que hubo tuvo resultados nefastos que están a la vista de todo el mundo, y esto tiende a empeorar cada día. Lamentablemente no termina en la escuela, se traslada al ámbito laboral y, en nuestro país, ya no existen ni premios ni castigos, se iguala hacia abajo, todo da lo mismo. La esperanza que esto cambie es lo último que se pierde, pero muy triste destino nos espera como sociedad si seguimos de brazos cruzados, por más bonanza económica que tengamos.
Claudio Fasolato, DNI 23.899.674