Cartas de lectores

Drones y trasplantes

Domingo 26 de Mayo de 2019

La historia de la medicina está jalonada por fechas memorables que se consideran verdaderos hitos en su luminosa trayectoria. El médico estadounidense Harold Edward, en 1963 efectuó el primer trasplante de pulmón; y el el 9 de mayo de 1967 en la cínica Cleveland (Ohio), el doctor René Favaloro hizo el primer bypass cardíaco; un procedimiento que aún tiene vigencia. Por su parte, el 3 de diciembre de 1967, el doctor Christiaan Barnard realizó en Sudáfrica el primer trasplante de corazón de humano a humano. En el pasado reciente, el 7 de mayo de 2014, el piloto Claudio Pistone, su copiloto Martín Herrera y cinco médicos del Incucai, a bordo de un avión sanitario arriesgaron sus vidas volando “contra reloj” y en condiciones climáticas sumamente adversas desde Mendoza a Córdoba, llevando un corazón que llegó justo a tiempo para ser trasplantado con éxito. La medicina muestra orgullosa numerosos sucesos que fueron verdaderos mojones indicadores de adelantos trascendentes. Y hace unos días, el 19 de abril pasado, otro pequeño gran hecho arrojó nuevas futuras posibilidades en el transporte de órganos que como es sabido, requieren una extrema rapidez en la acción interhospitalaria porque cada minuto perdido, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. En efecto, un dron llevó un riñón desde un centro médico a otro situados en el estado de Maryland (Estados Unidos). Si bien cumplió un trayecto de sólo tres mil metros, esos tres kilómetros sirvieron para comprobar que mantuvo correctamente los parámetros de temperatura y presión, pudiendo neutralizar las vibraciones y controlar la altitud. El tramo recorrido fue muy corto, pero el avance arrollador de la tecnología hace suponer que tras un tiempo no muy prolongado, los drones sobrevolarán distancias considerables. Así, cada vez que sea necesario y aun entre puntos distantes, podrán llevar esperanza de vida, que no otra cosa son el corazón, el hígado, los pulmones y el páncreas donados. El artículo 5 de la ley 26.066, establece que a menos que haya manifestación expresa de no permitir la ablación de sus órganos, una persona mayor de 18 años se convierte en “donante presunto”; es decir que cuando el destino le señale el inexorable fin de su existencia, con su donación solidaria la cirugía podrá intentar que otras personas sigan viviendo merced al milagro de los trasplantes. Y en el caso de los menores de edad, es la familia quien debe adoptar la generosa decisión de permitir la donación que dejará un lugar libre en la dramática “lista de espera”.

Edgardo Urraco

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