Miércoles 14 de Mayo de 2008
Desde mi absoluta ignorancia siempre he tratado de buscar alguna respuesta que justifique el accionar de nuestros políticos. No puedo entender cómo dilapidan oportunidades de hacer crecer al país ejerciendo mal sus funciones, privilegiando sus intereses a los del pueblo, urdiendo artimañas para beneficiarse a costa de éste. En fin, lo que todos conocemos desde que tenemos uso de razón cualquiera sea la generación a la que pertenezcamos. Quizás sus cerebros sean más evolucionados que los nuestros y elaboren alguna sustancia química del tipo de la serotonina o adrenalina que les permite suprimir lo que nosotros comúnmente llamamos conciencia y de ese modo puedan dormir tranquilos sin ningún sentimiento de culpa. Pero la causa más razonable que se me ocurre es que no tienen a quién rendirles cuentas de su accionar ya que cuando juran desempeñar sus funciones con lealtad y patriotismo y bla, bla, bla... lo hacen en nombre de Dios y la Patria (¿?). Dos figuras tan emblemáticas como abstractas a las que evidentemente, por el accionar de sus actos no le tienen ningún respeto ni temor. Daría lo mismo que juraran por el Cuco y Patoruzú. Creo que ya es hora de revisar estas cuestiones y comprometer seriamente a quienes nos representan a desempeñar sus funciones con honestidad, transparencia y dedicación. Y si así no lo hicieran, lo demande el pueblo a través de una defensoría o alguna otra entidad que nos pueda representar ante la Justicia ordinaria, dejando la etérea e improbable justicia divina para la sociedad mitológica.
Eduardo Juárez