Cartas de lectores

Deterioro de la calidad de vida

Viernes 11 de Mayo de 2018

Hace unos días, mi hijo tenía que pintar las sillas de casa y, antes de comenzar a hacerlo, se puso a lijarlas en el comedor. Al sentir el ruido que hacía, mi esposa le gritó con fastidio: "¡Mateo, dónde estás lijando!", a lo que él, enojado también, respondió: "¡Estoy probando!". O sea, aclaró que estaba probando si estaba bien la lija y que no había comenzado todavía su trabajo. Este suceso me recuerda lo que con mucha preocupación me comentó recientemente un amigo acerca de un repentino malestar que tuvo, que al preguntarle en qué consistió me respondió: "En desesperación". Ante tal respuesta, pensé de inmediato que había sufrido un estado de mucha ansiedad o, quizás, un ataque de pánico, ya que soy un viejo conocedor de estos síntomas, por los cuales hago tratamiento hace catorce años. A continuación, le pregunté qué hizo en el momento que sintió el malestar. Me respondió: "Fui al baño, me lavé la cara y me sentí mejor". La respuesta me pareció tan graciosa, como la que dio mi hijo cuando fue interpelado por lijar en la cocina. Pero es totalmente normal, doy fe de ello. Ante una crisis de ansiedad, angustia o ataque de pánico, uno suele tener estas respuestas inmediatas: se refriega las manos, la cara, se levanta y camina, o hace muchas otras cosas que no son más que paliativos para pasar el mal momento, que suele ser efímero, pero cuando se extiende es muy molesto. Los malestares de este tipo son la vedette del momento y los crack del futuro, por lo que, como viejo paciente de ellos, recomiendo a quienes les ocurra esto frecuentemente y sin motivo justificado, recurrir a un profesional de salud mental para que, anticipándose en el tiempo, lo resguarde de malestares mayores y sus malas consecuencias, tales como la incapacitación y el deterioro de la calidad de vida, donde suelen impactar mayormente.

Daniel E. Chávez

DNI 12.161.930

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