Cartas de lectores

Desafío para el gobierno

Las crisis económicas en Argentina han tenido, a través de la historia, un fuerte impacto en la población, que ve lesionados sus ingresos, incrementado el desempleo, provocando miseria, quiebra de empresas, pérdida de fortunas y en todos los casos fuertes crisis de estabilidad política, falta de gobernabilidad y abruptos cambios de mandatarios.

Viernes 29 de Junio de 2018

Las crisis económicas en Argentina han tenido, a través de la historia, un fuerte impacto en la población, que ve lesionados sus ingresos, incrementado el desempleo, provocando miseria, quiebra de empresas, pérdida de fortunas y en todos los casos fuertes crisis de estabilidad política, falta de gobernabilidad y abruptos cambios de mandatarios. Desde hace más de cuatro décadas, Argentina experimenta una larga crisis, jalonada de estallidos y situaciones de emergencia. La crisis se ha convertido en parte de nuestras vidas, en un elemento recurrente para pensar nuestro presente y nuestro futuro. Entender de donde viene y cómo afecta la vida social y política es central para vislumbrar salidas alternativas de reconstrucción. En este contexto, me veo obligado a transcribir algunos párrafos escritos por Albert Einstein sobre el tema: "No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar "superado". Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla". Palabras que nuestros gobernantes nunca quisieron o no supieron entender, nuestras crisis siguen siendo cíclicas. Una enfermedad crónica. Una convocatoria a una amplia colaboración de todos los sectores, unida a una gestión razonable, podría poner en marcha las soluciones que, a diferencia de otras ocasiones, no son imposibles. Sin embargo, no hay muchas esperanzas de que el gobierno de Mauricio Macri cambie su orientación. Esperemos que las cosas cambien haciendo algo distinto.
Manuel Basanta
DNI 93.971.708


Rosario: no hay seguridad para nadie

La manifestación del señor gobernador Miguel Lifschitz, afirmando que en Rosario la seguridad está garantizada, haciendo referencia a la llegada del presidente Macri, es una gran mentira. Rosario hoy está sometida a una multiplicidad de acciones delictivas: entraderas, salideras, motochorros, arrebatos, asesinatos todos los días, balaceras diarias en todos los barrios, bandas armadas que actúan libremente que hasta balean a viviendas de jueces. Y si a eso le sumamos los cortes de calles todos los días por organizaciones violentas delictivas que sólo buscan el caos y perjudican a los ciudadanos que quieren vivir en paz, podemos decir que Rosario está a merced de los delincuentes. Por eso es obvio que el presidente no venga a esta ciudad. Señor gobernador, escuche el clamor de los ciudadanos rosarinos pidiendo seguridad, póngase a gobernar y hable menos.
DNI 6.347.664


El milagro que no fue posible

Naguib Sawiris es el nombre del multimillonario egipcio que había ofrecido comprarle una isla a Grecia o Italia, en 2015, para darle en ella refugio y albergue a los inmigrantes que huyen del horror de las guerras, de las persecuciones y de la muerte. Además, su “altruista combo” incluía la declaración de la independencia y el acondicionamiento de la misma, de manera que pudiera transformarse en el territorio de un nuevo país, que los mismos refugiados levantarían. Esta propuesta surgió a poco de que la foto de Aylan (el cuerpo de un niño muerto en una playa) irrumpió como ícono del horror en los portales y primeras páginas de los medios del mundo, tras décadas de naufragios en el Mediterráneo, mientras Europa se encogía de hombros y miraba hacia el costado repartiendo culpas por doquier, sin poder despertar de la pesadilla que tiene a la humanidad atrapada, observando impávida, sin atinar a dar una respuesta adecuada a tanta desesperanza. La actitud que le cupo a este magnate egipcio, trasciende las fronteras de la caridad, que habitualmente transitan Billy Gates, Rockefeller y otros filántropos en beneficio de instituciones como la Organización Mundial de la Salud u otras, dedicadas a la ciencia para investigar males que azotan a la humanidad. Su compromiso lo llevó a proponer una solución integral, colocándose a la cabeza de esta verdadera “cruzada para salvar al hombre”, que excede largamente el mero acto filantrópico de “donar dineros para…”. El ponía a disposición de los refugiados territorio y libertad, dado que prometía declarar su independencia inmediata. Y como si algo faltara a su trascendental propuesta les devolvería la esperanza. Ellos serían beneficiarios del regalo más preciado que pudiera ofrendárseles, el trabajo. Mientras las grandes potencias debaten, aún hoy, hasta dónde abrir sus puertas, aparecía en escena Naguib para decirle a este mundo cargado de conflictos, vacío de propuestas y saturado de egoísmos, que el bien común era aún posible imaginarlo. Sólo faltaba que Italia y Grecia dijeran presente a esta luminosa idea para que el milagro que alumbraría el siglo XXI se convirtiera en realidad. Sólo tuvo, tal vez, un error de cálculo en su humanitaria decisión: no haber buscado el apoyo de la ONU para que los países que debían vender esas islas lo hicieran. Hoy, a casi tres años sin noticias sobre esta idea milagrosa, mientras Europa le cierra las puertas al barco Aquarius (con 629 migrantes rescatados en el Mediterráneo) seguramente se estarían viendo los primeros frutos de esa nueva República. Hubiera sido la llave, tal vez, para que términos como “semejante”, “solidaridad” y “amor al prójimo”, no desaparezcan de la faz de la Tierra, por los siglos de los siglos...
Juan José de Guzmán


Desprotegidos ante reclamos a Telefónica

Es muy posible que este no sea el único comentario negativo sobre un servicio, lamentablemente la única forma de visibilizar la desprotección que tenemos los usuarios es a través de los medios de comunicación. Hace tres meses que reclamo, sin tener ninguna respuesta válida por la línea fija de teléfono, que al ser comercial genera un perjuicio muy grande, sin que esto desmerezca ningún reclamo particular. El numero en cuestión es 341 4117111, que, al margen de no funcionar, debemos abonar su factura religiosamente caso contrario nos podrían cortar el servicio. Desde ya agradezco la gentileza de hacer publica mi incomodidad. Esperando que los señores de Telefónica Argentina se dignen a restablecer el servicio.
Eduardo A. Garzón
DNI 11.673.825


Pésimo servicio de Telecom

Desde hace un mes y medio no tengo teléfono (0341 - 4403301) y estoy cansado de reclamar y me dicen que en las próximas 72 horas me solucionan el problema. Es más, un día arreglamos, los esperé y no vinieron, pero adujeron que tocaron timbre y no los atendió nadie. Falso. Mi número de reclamo es 3KZWJ0A. Por favor, a quien corresponda, traten de venir a solucionar el problema. Gracias.
Juan José Recasens


Pedido a Aguas Santafesinas

Vivo en el edificio de avenida Pellegrini 3486/98 y tenemos un problema terrible con el agua que no sube a los tanques porque no hay presión (número de reclamo 52599, cliente 10900413730003). No podemos bañarnos, ni lavar los platos, ni la ropa. Ya vinieron ingenieros y plomeros, destaparon las cañerías pero el agua no sube. Por favor, señores de Aguas Santafesinas hagan algo.
Micaela Costanzo


Capacitarse para saber vender más

Diariamente observo cómo vendedores y vendedoras de diferentes rubros pierden ventas por no saber atender al público. La falta de profesionalidad y conocimiento no solamente del proceso de una venta sino también de los productos que comercializan, es una constante en numerosos comercios de Rosario. En ocasiones, los consumidores no compran porque son pésimamente atendidos o por negligencia de quienes aún desconocen la diferencia entre vender y despachar. Trabajar de vendedor constituye una profesión, por lo tanto hay que capacitarse y estar preparado ante consumidores cada vez más exigentes. Escucho reiteradamente decir que mucha gente no tiene o tiene escasos recursos económicos por eso disminuye la rentabilidad, sin embargo no siempre esto es verdad. Capacitar al personal a través de cursos es una buena manera de empezar a recuperar clientes y retenerlos con el objetivo de recomponer el nivel de las ganancias. La falta de profesionalidad es una constante en la atención al público. Esto se evidencia tanto en el desgano, la apatía, el desinterés, la falta de cortesía como en el desconocimiento de los artículos que se ofrecen a los posibles compradores y en las técnicas de venta.
Marcelo Malvestitti

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