Cartas de lectores

Depredadores del planeta

Sábado 11 de Enero de 2020

En 1992 viví personalmente esta experiencia en Dakar (ex Senegal francés). Aeropuerto, tres de la mañana, un calor insoportable, quizás más de cuarenta grados. Prosigue el viaje rumbo a Argentina (volvía de Europa). Los pasajeros debemos caminar un buen trayecto por la pista ya que el avión se detuvo muy lejos del edificio del aeropuerto. Fue entonces que pudimos notar a unos ciento cincuenta o doscientos metros otro jet que, a paso de tortuga, venía directo hacia nosotros. Los más de doscientos pasajeros que íbamos en nuestro avión nos detuvimos en seco, temerosos de que si seguíamos caminando por la pista el avión que venia muy despacio podría atropellarnos. De súbito, comenzó a girar sobre sí mismo y no tardo en mostrarse de cola hacia nosotros, y fue ahí que puso a funcionar sus motores. Nos llegó un golpe de viento mezclado con un fuerte olor a kerosene. Piense quien lea esto que desde 1950, mínimamente, cuando comenzó la era del jet, ¿cuántas líneas aéreas existen en el mundo y cuantos aviones surcaron, surcan y surcarán los cielos esparciendo como gigantescos aerosoles ese kerosene o algo así sobre la atmósfera, selvas, bosques, praderas, estepas, montañas, hielos, ríos y mares? Si a eso le sumamos los escapes de millones y millones de vehículos, el humo de las fabricas, más los aerosoles que utilizamos diariamente, los plásticos que están poblando los océanos, etc, ¿puede extrañarnos el cambio climático? En Australia se ha producido un incendio de gigantescas, por no decir apocalípticas dimensiones, que viene a sumarse a otros producidos en diferentes lugares de la faz del planeta, sin olvidar la tala indiscriminada que realiza el hombre. Entonces, ¿no estaremos falseando lo que Dios le dijo a los primeros humanos? ¿No les habrá dicho “creced y aniquilaros” en lugar de “creced y multiplicaos”.

Miguel A. Decunto

DNI 11.270.762

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