Cartas de lectores

Del capitalismo y la paranoia

Domingo 30 de Diciembre de 2018

¿Capitalismo o el ser humano? Recuerdo que sobre esto sabían versar muchas veces nuestras discusiones con un "hermano mayor" que supe tener en mi juventud, el Juanjo Esteva, gran lector y clarinetista con quien sabíamos compartir también largas tardes dedicadas a Bach y a los grandes coros de Wagner, mezcladas con Gismonti y Markama. En fin, pero voy a mi relato. Estaba comiendo un venerable sandwich de milanesa en una callejuela perdida cerca del Hospital Centenario, luego de ver a mi querida y experta cardióloga. Me encontraba afirmado en una pared, bajo un árbol, y mientras, miraba en la otra vereda, por una puerta abierta de una obra en demolición, como albañiles estaban terminando de derrumbar una casa que a la vista era una casa moderna, pero la estaban demoliendo, seguramente para hacer un edificio, me decía. En una de esas, sale uno de los albañiles que iban y venían con escombros al volquete de la vereda, y me entró a mirar fijo. En determinado momento le dije "¿qué pasa?". "No, qué te pasa a vos, ¿no te puedo mirar?", me respondió. A lo cual le dije "de esa manera, no". Acto seguido nos convertimos en dos pequeños animales, reproduciendo algunas barbaridades e improperios, dignas de dos caballos, con el perdón de los mismos. ¿Análisis?, claro. Nos hemos, o ¿nos habrán?, convertido en pequeños animales dispuestos a ir el uno contra el otro y sin mucha cabeza. ¿La gran urbe ha perdido la inocencia, lo fraterno? O, ¿esto fue siempre así? Yo miraba ingenuamente como derrumbaban, el albañil habrá pensado "éste es un choro" (o al menos eso es lo que últimamente me ando imaginando que piensan de mí cuando me ven por ahí), ya que casi no había gente en la calle. Aclaro, soy morocho, alto, pelo negro y medio aindiado. Mi paranoia también siempre latente de que en la calle me miran de pies a cabeza a veces, que se me han bajado de vereda y se me han vuelto a subir, que mi sobrina de 14 años le dijo a su madre que no quiere ser morocha (y es una bella morochita). Va a un colegio religioso de aquí del centro nomás. Que me han parado de la nada en la calle la policía, por portación de piel morena, para pedirme documentos. Y que claro, no siempre todo es así. Una vez, una "gringa" tipo rusa, en bici, medio que me hacía caras seductoras por la calle. Vaya uno a saber; pero la cosa está que arde. Volviendo al albañil, pensé en la posibilidad de un pobre tipo, frustrado, con los bolsillos secos, trabajando bajo el sol; y un negro que los mira; en fin, una palabra mal dicha, frases mal armadas y zas, la cosa no sabes en qué termina. Me fui, me subí al auto con mi sandwich medio atragantado, con ganas de seguirla. El albañil entró ofuscado a la obra. Aquí estoy, tratando de reflexionar.

Facundo Salazar

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