Cartas de lectores

De aquí nomás, de Funes

Jueves 02 de Noviembre de 2017

En la senda de los grandes cronistas fotográficos, la semana pasada, en el local de la Sociedad de Fotógrafos Profesionales, un puñado de personas disfrutó de un raro privilegio. Merced a la la voluntad y el esfuerzo de Vittorio Noviello, presentó su trabajo Guillermo Luna. El hombre ha viajado por medio mundo registrando catástrofes, posguerras, situaciones de ayuda humanitaria y abandono social. Citó como disparador de esta carrera profesional, al gigante de los 60, Larry Biurrows, inmolado durante una misión en territorio de Laos durante los aciagos días de la repudiada guerra de Vietnam y todo el sudeste asiático. Luna intercambió impresiones y experiencias con un público entusiasta y motivado por una rica exposición que lejos de ser una simple exhibición de imágenes, fue una prolongada reflexión de vida. Locura, muerte, marginalidad, HIV y los inicios, la propia historia, la búsqueda de respuestas a los mil porqués de cada individuo. Puesto a responder preguntas perfiló el cuasi credo de los cronistas: "Se corre el riesgo para registrar, para poder mostrar lo que ocurre sin intervenir". El devenir de cada lugar es propio y el fotógrafo apenas roba los instantes para narrar la historia, para que otros vean y quizás tomen conciencia. Conciencia tanto de la carencia como del profundo compromiso de quienes hacen y llevan paliativos en la horrible y sostenida emergencia que se sostiene en muchísimos lugares del planeta. Entre tantos pares presentes (César Arféliz, Noviello, Bertoni, Elías), en el público estaba quien comparte con Guillermo la esencia necesaria para ser fotógrafo. Juan Pablo Bassi comparte con Luna la actitud necesaria para ir hacia la situación, buscarla dondequiera que la situación esté. Frío ,calor, distancias, lluvias, vientos, no son obstáculos para quien siente la necesidad devoradora de tener que registrar ese momento único que es cada fotografía. Y así son uno y otro. Al mediodía, junto con Emiliano Juárez, los cuatro compartimos un almuerzo junto al río. Viajeros empedernidos cada uno dio cuenta del camino recorrido. Y cada uno llevó un retazo del otro como necesario combustible para el futuro cercano. Fue la previa de una noche donde un grupo de gente rompió la inercia de la "ciudad de pobres corazones" y le dio la bienvenida al trabajo de un autor admirable. El libro "Crónica visual de la Luna sobre el territorio de Kenia", es el tercer registro gráfico de algo que ya es mucho más que un cimiento, es una obra de fuertes y sólidos trazos. Seguramente cada uno de los presentes de esa noche espera un nuevo encuentro con nuevos registros.

Edgardo Juárez

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