Cartas de lectores

Cultura y vandalismo

Domingo 23 de Junio de 2019

Manifestaciones sociales, deportivas, electorales, igualitarias o sindicales suelen finalizar irregularmente con detenidos y corridas callejeras. Una pacífica protesta no puede tener ninguna relación vinculante o consensuada con personajes encubiertos que imprevistamente se adueñan de la calle, golpean, provocan incendios, rompen veredas y vidrieras, embadurnan paredes, abollan contenedores de basura. Estas consecuencias las pagamos entre todos, incluidos los manifestantes. Estos grupos vandálicos ignorantes, brutales y fanatizados no obtienen beneficios por este accionar, excepto que estén pagos por siniestros personajes ideologizados que resultan tanto o más cobardes que el propio vándalo. La enfermedad ya está incorporada en sus mentes, se manifiesta en cualquier circunstancia y no la pueden eliminar, tal como no lo pueden hacer pedófilos, drogadictos o terroristas. Estos últimos, acorde a nuestra cultura y jurisprudencia, merecen desprecio, juzgamiento y penalización. Lo propio debemos hacer contra los vándalos y sus patrocinadores que lastiman, hieren y matan sin remordimiento de conciencia. Recordemos que en épocas preelectorales se multiplican manifestaciones, concentraciones, actos proselitistas que resultan ingredientes propicios para actuar solapadamente. Nos asiste el derecho a reunión, ser escuchados, marchar, agruparnos en forma pacífica. Como seres humanos confiemos que nuestra combinación de sentimientos, respeto, remordimiento y conciencia sea suficiente para proteger elementos públicos o impedir reacciones violentas entre quienes disienten. Deseamos que no se instale el vandalismo como método usual o correctivo para imponer o deshacer ideas.

Rubén Mario Baremberg

DNI 6.012.531

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