Cuestión de talles
Salir de noche implica muchos desafíos: encontrar taxi a la salida, conseguir descuentos del boliche, coincidir con tus amigas, pero lo más complicado es hallar un quiosco que venda curitas.

Viernes 01 de Febrero de 2008

Salir de noche implica muchos desafíos: encontrar taxi a la salida, conseguir descuentos del boliche, coincidir con tus amigas, pero lo más complicado es hallar un quiosco que venda curitas. No es cuestión de risa, sino de talles y modas. El calzado fue siempre mi tortura, mido 1,80 y calzo 41. Me causa gracia, pero no agacho más la cabeza, ni encojo la voz, no considero racional esa mirada burlona cuando los vendedores niegan como exorbitante tal talle. El tiempo superó mis complejos y abrí los ojos a mi entorno y, oh sorpresa, lo que vi sí me dio gracia: una amiga mide 1,58 y otra 1,70; ambas calzan 41; mi primita de 10 años calza 39, una conocida de 17 años mide 1,65 y calza 40, podría continuar hasta mañana. Es una tortura impuesta por quienes quieren vender a cualquier costo. Lamentablemente no soy modelo para que hagan los diseños a mi talle. Aunque es un sueño, dicen que del odio al amor hay un solo paso y cuando cuesta más se desea. Podría hablar de discriminación, de miles de cosas, pero lo irónico es que no es cuestión de kilos de más, ni un defecto físico, es que salí a papá, ¿qué quieren que haga?

María Soledad Spensieri, DNI 31.890.210