Cucarachas en el micro
El pasado 2 de marzo, a las 22, desde Mar del Plata, emprendimos regreso a Rosario, poniendo fin a nuestras vacaciones. Acomodados en nuestros asientos cama comenzó una odisea: dos asientos atrás de nosotros...

Jueves 06 de Marzo de 2008

El pasado 2 de marzo, a las 22, desde Mar del Plata, emprendimos regreso a Rosario, poniendo fin a nuestras vacaciones. Acomodados en nuestros asientos cama comenzó una odisea: dos asientos atrás de nosotros, una mujer con su nieta le reclama al chofer porque los asientos estaban mojados. Solución, las ubicaron en otros asientos. Una de la mañana, parada en Castelli, el chofer grita "parada de 20 minutos". Sobresaltados y adormilados salimos con mi esposa a tomar aire fresco, ya que el aire acondicionado estaba apagado. Cuando volvimos a nuestros asientos, oh sorpresa, al pie del asiento del lado de la ventanilla estaban las cucarachas. Reclamamos al chofer una explicación y me dijo que no tenía, faltaba que me dijera que ello se debía al cambio climático. Pedí una solución y el chofer vino con un papel y trato de matarlas. Luego apareció su compañero con un insecticida, parecía que le había echado glucosa en aerosol. A todo esto, los demás pasajeros también se quejaban por la presencia de cucarachas, restos de galletitas, papeles y falta de higiene. Ni hablar del dispenser, allí había una convención de cucarachas. Luego de haber echado insecticida y con la expresión del chofer "esperemos se calmen", continuamos viaje. Ahora, por primera vez en mis años de casado, mi esposa me dejó sentar del lado de la ventanilla. Un par de horas después empezó mi lucha, una cucaracha por aquí, otra que me recorría el brazo. Ofuscado me dirigí a hablar con el chofer y pregunté por su compañero. Me preguntó qué necesitaba, en una fuerte discusión le reclamé que por lo menos encendiera las luces del coche, ya que las individuales no funcionaban. Me contestó que no lo podía hacer. Volví a mi asiento y minutos después el chofer para el ómnibus en el medio de la ruta y se apersona recriminándome mi actitud. En ese instante, pidiendo pista, aterrizó una cucaracha en la cabecera del asiento del pasajero delante de mí. A esa altura las palabras sobraban, la imagen era elocuente y el chofer se retiró para continuar el viaje. No obstante ello no prendió las luces y mi pelea con las cucarachas era desigual. Mi única herramienta fue el celular usándolo como linterna. Y así transcurrió el viaje, sin pegar un ojo en toda la noche. Luego de 11 horas llegamos a las 9 a Rosario, tan rápido como pudimos nos hicimos del equipaje y nos dirigimos a la oficina de la CNRT en busca de alguien que corroborara in situ el estado del coche. Cuando llego a la puerta de la oficina un cartel me anunciaba que el horario de atención era a partir de las 9.30. Regresamos a la plataforma con todo el equipaje a cuesta y el ómnibus ya no estaba. Las pruebas de la evidencia se habían borrado. Como consuelo me quedó la denuncia fría y sintética a la CNRT por internet.

Guillermo Di Cosco, gdicosco@hotmail.com