Miércoles 24 de Septiembre de 2008
Días atrás, cuando nuevamente el humo de la destrucción de las islas tapó la ciudad, escuché al intendente de Victoria por uno de los medios televisivos pedir disculpas por los inconvenientes ocasionados, pero justificó este accionar diciendo que no se "puede dejar de aprovechar el recurso que dan las islas para la producción". Un discurso que me recuerda a "La campaña del desierto" o "La Forestal". Hoy lo que se arrasa y se reparte son unos de los más importantes humedales de Sudamérica. La torta se comenzó a repartir en el 2003 con el arriendo de cientos de hectáreas estatales para recaudar un poco más. Evidentemente detrás del humo que vemos todos los días se están cocinado otras cuestiones de intereses muy poderosos que seguramente dentro de un tiempo tendremos noticias. No es de extrañar que estos funcionarios saltan como leche hervida cuando se habla de hacer un área protegida. Está claro que se les termina parte del negocio y poco les importa que los ciudadanos entrerrianos y santafesinos perdamos este patrimonio natural o el perjuicio que trae el humo. Yo no le acepto las disculpas y lamentablemente la mujer bombero que falleció intentando apagar el fuego tiempo atrás, más los que murieron en accidentes provocados por el humo ya no pueden opinar. Es un síntoma de la ambición, sólo se mira el provecho de unos pocos, por lo general poderosos, y no el daño que provocan a muchos, en su mayoría ciudadanos comunes. En fin, una historia lamentablemente repetida de alianzas entre el poder político y el económico.
Pablo Cantador, pablo.cantador@gmail.com