Sábado 05 de Abril de 2008
El 11 de marzo un alegre Martín Lousteau anunció un fuerte aumento en las retenciones a la soja y al girasol con el evidente propósito de aumentar el nivel de recaudación. Al día siguiente la Sociedad Rural, Coninagro, Confederaciones Rurales Argentinas y la otrora progresista Federación Agraria Argentina desafiaron al gobierno nacional mediante un paro y los cortes de rutas. A partir de entonces el diálogo entre las partes quedó trunco. Nadie quiso ceder un centímetro. El 25 Cristina Fernández pronunció un enérgico discurso que provocó un inesperado cacerolazo en todo el país. El 27 la presidenta habló nuevamente demandando al agro el levantamiento del paro. Al día siguiente ambas partes iniciaron una difícil negociación que, obviamente, fracasó. El 31 el ministro de Economía anunció reintegros y subsidios, lo que fue rechazado de plano por el agro. Si alguien pensó que Cristina Fernández iba a claudicar se equivocó groseramente. El 1 de abril la histórica Plaza de Mayo se llenó de manifestantes que exteriorizaron su apoyo al gobierno nacional. El discurso presidencial asombró por su dureza. Cristina culpó al campo por el desabastecimiento y comparó el paro con el que se produjo en las vísperas del 24 de marzo de 1976. El imponente acto y, fundamentalmente, el desgaste provocado por tantos días de paro y cortes de rutas obligaron al agro a levantar la medida de fuerza sin haber conseguido lo que se proponía: obligar al gobierno nacional a dar marcha atrás con las retenciones. Por el contrario, Cristina Fernández sí logró su objetivo: mantener el esquema impositivo impuesto el 11 de marzo y obligar al campo a levantar el paro, condición innegociable para dialogar. En definitiva, la presidenta ganó
la pulseada.
Hernán Andrés Kruse