Martes 07 de Octubre de 2008
Para el gobierno, que cobija a muchos que integraron organizaciones guerrilleras, lo esencial, lo sustantivo, no tiene relevancia. Así, los que cometieron crímenes en el pasado turbulento de la década del 70, sin ser adjetivados de "lesa humanidad", gozan de impunidad y ni siquiera son pasibles de sanciones morales. En tanto que a los que los cometieron y se adjetivan como tales, no sólo les cae con el peso de leyes a medida, sino que además, como si en verdad le correspondiera en función de su conducta (pasada y presente), se atribuye la posesión de la virtud, y desde ese lugar injuria a quienes hoy carecen de la posibilidad cierta de defenderse. Patética situación que podría revertirse si se decidiera privilegiar la verdad analizada en el contexto histórico. La idea de que los únicos que asesinaban eran miembros de las fuerzas del Estado y los asesinados jóvenes idealistas es falsa. La apertura de los casos Larrabure y Rucci debería significar el comienzo del esclarecimiento de otros hechos aberrantes que no pueden quedar condonados.
Jorge Augusto Cardoso, jcardoso@fibertel.com.ar