Viernes 11 de Julio de 2008
Muchas veces hemos escuchado la frase "creer o reventar" con otro sentido al que yo quiero darle a esta carta. He notado últimamente una dualidad: credulidad o desconfianza. Es lógico, después de tener los gobiernos que hemos tenido. Desde hace algún tiempo convivo cotidianamente con diminutivos: compro un paquete de galletitas de 500 gramos, que al mismo precio o más caras ahora son de 400 gramos; un pollo congelado que al cocinarlo se transforma en pollito; de la pescadería el pescado viene con toda el agua de su ámbito natural y pasa a ser pescadito; el colmo fue cuando fui a comprar una caja de láminas de metal (la caja dice 10 láminas y venía cerrada con una etiqueta de código de barras) y a esta altura sumamente desconfiada las cuento: son siete (y las otras también tenían menos). Pero lo llamativo son los carteles aclaratorios de los negocios: "El precio del pescado es congelado". En el otro me dijeron que por eso estaba en "oferta" (tener menos cantidad no estaba aclarado en el cartel) y en la pescadería me dijeron: si no quiere, no compre más. Mi pregunta para los inspectores: ¿a ustedes no les pasa esto cuando compran? A la gente: ¿está desterrada la frase "el cliente siempre tiene la razón"? Yo sé que a veces denunciar es muy burocrático y lamentablemente tedioso, pero recuerden que "se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo". El problema no es que nos mientan, el problema es que les creamos. Yo quiero creer, sin ser crédula y sin tener que ser desconfiada.
Silvia Buonamico, silviabuonamico@yahoo.com.ar