Creciendo en la pavada
Cuentan de un paisano que en un pueblo de montaña se encontró un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa. "¿Será un avestruz?" preguntó su mujer. "¿No es demasiado abultado?" dijo el abuelo. "¿Y si lo rompemos?", propuso el ahijado. "Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad", respondió cuidadosa la abuela...

Lunes 14 de Abril de 2008

 

Cuentan de un paisano que en un pueblo de montaña se encontró un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa. "¿Será un avestruz?" preguntó su mujer. "¿No es demasiado abultado?" dijo el abuelo. "¿Y si lo rompemos?", propuso el ahijado. "Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad", respondió cuidadosa la abuela. "Miren, en la duda, se lo voy a colocar a la pava que está empollando huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo", afirmó el paisano, y así se hizo. Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez comió todo el alimento que encontró a su paso. Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo entusiasta. "Bueno ahora vamos a volar". La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de su flamante crío, y le explicó: "Mirá, los pavos no vuelan. A vos te hace mal comer apurado". Entonces, todos trataron de que el pavito comiera más despacio, el mejor alimento y en la medida justa. Pero el pavito terminaba su almuerzo o cena, su desayuno o merienda, y les decía a sus hermanos: "¡Vamos muchachos a volar! Todos los pavos le repetían nuevamente: "los pavos no vuelan. A vos te hace mal la comida". En consecuencia, el pavito fue hablando más de comer y menos de volar. Y creció y murió en la pavada general: aunque era un cóndor. Había nacido para volar hasta los 7.000 metros, pero como nadie volaba... En la Argentina, ¿no estaremos corriendo el mismo riesgo de crecer y morir en la pavada general?

Reinaldo Peserini, LE 7.588.943