Lunes 07 de Febrero de 2022
Hablamos de problemáticas en el campo de la salud y, con ello, de conflictos que se materializan en las prácticas cotidianas, donde diversos actores de especialidades variopintos, usuarios y empresas, participan de ella. La salud inmersa en un mundo donde todo se piensa en términos de beneficio-costo, donde todo está fragmentado, se la ve abusada y maltratada. Esto invita a pensar las problemáticas y, como sujetos de derecho y profesionales de la salud, tenemos la obligación de exhibir lo que creemos que sucede. Invito a pensar a la salud en términos globales, vinculada a la medicina en general, la atención en comunidades con grupos sociales específicos, siendo la misma pública o privada. Se vuelve imposible pensar la salud como un derecho por fuera de la esfera política por el simple hecho de ser actores de una sociedad en la que nos identifica cierto sector social, y con la que interactuamos diariamente, siendo el otro, un sujeto necesario para nuestra existencia. El campo salud es nuestro espacio de participación común. La salud fragmentada es la que vemos en cada instante cuando vamos a un especialista. Cabe la pregunta ¿Solo somos un pedazo de rodilla o de columna, un pedazo de nuestro cuerpo? ¿Por qué, además del campo salud, también pensamos nuestro cuerpo fragmentado?. Quizás la respuesta la podamos ubicar en la lógica costo-beneficio, siendo esta íntima de la ambición, con cada uno de nosotros como cocreadores y partícipes. En esta lógica la salud como derecho se desintegra, mostrándose solamente como producto o servicio de acceso. La situación actual del campo salud, como sujetos políticos, es menester pensarla en contexto, de lo contrario pensaríamos en el vacío. Esto quiere decir que, por fuera del sistema capitalista que adhiere a esta lógica, veloz y voraz, donde lo que mejor distribuimos es la injusticia, la salud como derecho quizás pueda recuperar algo de lo que una vez pretendió ser. Las farmacéuticas intentan evitar el consultorio, con sus propagandas “consulte a su farmacéutico”, intentando desplazar la responsabilidad clínica de la medicina al mostrador. ¡Donde los productos son exhibidos como objetos de consumo. La salud, violada y abusada, inmersa en el juego de “quién gana primero”, nos cuesta poder pensarla como un derecho. El discurso científico perdió verosimilitud frente al capital. Trajes, corbatas, portafolios, biromes, congresos, viajes, soberbia, egoísmo y una vida de confort asesinaron la vocación, realzando a los médicos eminencias, que nada aportaron, pero con un plus simbólico y mentiroso. Fantaseando que investigan patologías, siendo nada más que el medio de los laboratorios para hacerlo. Siempre primero están ellos, después también ellos. Con lo difícil que es el asunto, pensar la salud como derecho, sin ellos, sin la mayoría.
Ignacio Zambrano