Lunes 21 de Abril de 2008
Hay cuestiones que por su gravedad son insoslayables, tal el caso de las ya tristemente famosas quemas de pastizales que constituyen una práctica negligente que raya en lo criminal; y por lo tanto, requiere de una urgente legislación que reglamente al respecto y castigue duramente a quienes las provocan. Tienen tanta culpabilidad los titulares de los campos en cuestión como los que omiten los controles, permitiendo que esto se repita año tras año. Y también quienes al legislar no se ocupan de crear las leyes regulatorias. Hablan de que esta es una costumbre ancestral, pero obviamente también antes otro era el escenario de la acción: rutas transitadas por pocos vehículos y a otras velocidades y centros urbanos incipientes con contaminación ambiental mínima. En la actualidad, el argumento suena por demás de necio y ridículo, mientras los daños provocados son irreparables: vidas que se pierden, molestias de todo tipo, destrucción del equilibrio ecológico, pérdidas económicas, etcétera. Los vientos siempre soplaron y seguirán soplando, ellos son inimputables, no así quienes producen semejantes desastres. Señores políticos y legisladores, es necesario que trabajen ya y muy seriamente sobre este tema para evitar su repetición. Cumplan con sus funciones. Mientras tanto invoquemos a la lluvia para que nos ayude ya que el equipamiento disponible para la extinción del fuego es por demás de precario.
María Cristina Grecco
LC 6.730.357