Lunes 28 de Julio de 2008
Hubo una época en que el deber por el deber mismo no se cuestionaba. Es más, la publicidad no existía porque no había productos que vender masivamente. Las industrias fabricaron productos que se almacenaban. Había que comercializarlos. Fue cuando surgió la publicidad (con un fin de lucro). La oratoria por supuesto existía desde la época de la polis griega, donde se pretendía convencer con un fin político-social (bien entendido). Los abogados luego la utilizaron para favorecer a su cliente (el fin determínelo usted, yo no quiero opinar en este momento). No descarto el buen propósito de los que pusieron en marcha esta nueva ley de educación nacional. Pero como las "señoras estadísticas" lo muestran los jóvenes no "asisten" (no digo cursan ni aprenden) porque la ley se los imponga. La obligatoriedad no crea hábitos en el 2008. Eso queda para otras épocas en que las cosas se hacían porque sí. Y vaya uno a querer cuestionarlas. Hoy hay que justificar las medidas que se toman y convencer. Un gran logro de la publicidad por cierto. Considero perfecto que ya existan programas que apuntan a que los alumnos concluyan los estudios que han abandonado o terminen con esas materias que adeudan. Y por supuesto truncan la obtención del título que avala sus estudios ya sean secundarios, y hasta primarios. Pero no avalo la retención (ya que me suena a detención) de esos otros chicos que no tienen ningún interés en asistir con regularidad a los distintos establecimientos escolares. Dado que ellos se perjudican al no realizarse como individuos, y aún más, no permiten que sus compañeros ni sus docentes se sientan plenos en sus distintas labores. Pero para todo hay una solución, la difusión de los programas que el Ministerio promueve y de los que se enteran sólo los que estamos en el tema (algunos docentes). Soluciones hay. De lo contrario no serían problemas. Sino dilemas.
Alejandra Maciello, DNI 16.994.631