Cartas de lectores

Confesión de parte y cruel sinceridad

Miércoles 21 de Febrero de 2018

El humano adulto es un resultado de su ADN, su educación (la influenciada y la adquirida), también de sus conflictos internos y sus complejos sin resolver. Con dichos atributos anda el hombre por el mundo. Freud en sus terapias proponía diversos tratamientos psiquiátricos, buscando resolver los conflictos hechos dilemas en la mente de las personas. En una de sus terapias aconsejaba acudir a lo que denominaba "La Cruel Sinceridad". Consistía en vencer el miedo de lo ocultado que atribulaba la mente del paciente, mediante el discurso, la confesión o el arrepentimiento sincero y explícito, es decir procediendo con honesto aunque doloroso sinceramiento. Escuchando al doctor Ricardo Alfonsín declarando sobre la marcha del 21 de febrero, aceptamos que las terapias de Freud aunque tarde, suelen llegar. El hijo del ex presidente, paladín en la recuperación de la democracia, sin tapujos ni vergüenza popular se sincera cruelmente: "Si yo no fuera radical, si no formara parte del gobierno del PRO, yo también iría a la marcha". Agregando una frase digna de perpetuarse: "Si yo fuera un trabajador, iría a la marcha, pero no soy un trabajador, soy un político" (a confesión de parte). Fantástico, como terapia freudiana, pero deprimente considerando quien lo dice y la función que cumple (o dice cumplir). El eterno sentido camaleónico de nuestros políticos suele incluir arrepentimientos tardíos. Habiendo canjeado la emblemática boina blanca de sus antepasados idearios, por globos amarillos que agita orgullosamente (¿?) bailando al compás de nefastas alianzas. ¿De qué se va a disfrazar para las próximas elecciones Alfonsín, para seguir siendo un político, y no un trabajador?

norbertoivaldi@gmail.com

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