Viernes 12 de Septiembre de 2008
Si uno evalúa los tiempos de un discapacitado verá que su vida social o su tiempo libre se reduce casi en un 50 por ciento o más, según la discapacidad. Las esperas interminables en consultorios médicos, sondajes, equipamiento y ya de por sí su propia movilidad. Para "recibirse de discapacitado" la provincia otorga un certificado de discapacidad que permite, entre otros beneficios (que particularmente desconozco), estacionar cerca de algún ingreso (siempre y cuando no exista la "viveza criolla" de algún no discapacitado que haya usurpado el lugar). El certificado es otorgado según la junta evaluadora entre 4 a 10 años. Pregunto: ¿cuando a una embarazada se le detecta en una ecografía una malformación genética irreversible de su hijo, diagnóstico que se confirma al nacer, no habría que creerles a estos médicos? Para pérdida de tiempo mayor a la mencionada está "el trámite del arbolito". Con seis meses de antelación uno pide un turno con todos los requisitos, y hay que armarse de paciencia. Se regresa con el turno para que la Junta evalúe, cuestionario de por medio. Una vez finalizado dicho trámite, le dicen que pase a retirarlo en 30 días. Pasé a los 30 días y me dicen que aún no llegó, y que la próxima vez llame por teléfono a tres números (todos ocupados o llamar hasta que se corta solo). Ya curada de espanto, en mesa de entrada le digo al muchacho (único servicial) que no sacaré turno hasta que me confirme si el certificado a llegado. Espero 40 minutos para que entre turno y turno se compren tartas, charlen tranquilamente, sin pensar en los tres discapacitados que han venido de lejos. Su tiempo no es oro. Ya estoy pensando en que tengo que reiniciar el trámite para cuando éste venza, aun sabiendo que la discapacidad es irreversible. ¿No resulta absurdo?
Silvia Buonamico, silviabuonamico@yahoo.com.ar