Cartas de lectores

Carta de un neoyorkino

Aunque a menudo pretendo mentir que soy mucho más joven, al igual que sus seres queridos acabo de celebrar mi propia reunión número 30 de la escuela secundaria en junio pasado.

Sábado 04 de Noviembre de 2017

Mi nombre es Jason Sander y soy un orgulloso nativo de Nueva York. Aunque a menudo pretendo mentir que soy mucho más joven, al igual que sus seres queridos acabo de celebrar mi propia reunión número 30 de la escuela secundaria en junio pasado. El 31 de octubre estaba trabajando en mi oficina, a media milla, más o menos, del lugar del ataque terrorista. Cuando escuché por primera vez sobre el ataque en las redes sociales me entristecí. Reviví aquel 11 de septiembre, momento en el que murió el mejor amigo de la secundaria de mi hermano. Aparte de la muerte de mi padre, a través de un cáncer de cerebro hace dos años, el 11 de septiembre de 2001 fue el día más triste de mi vida. Finalmente, los medios de Nueva York publicaron los detalles de las víctimas del ataque del 31 de octubre. Cuando vi la foto de sus seres queridos con sus camisetas con la inscripción de "LIBRE", me quedé mirando esta foto, y me vi a mí mismo y a todos mis amigos de la escuela secundaria con los que acababa de celebrar mi trigésima reunión de egresados. Mi tristeza se ha profundizado desde entonces. Por esta razón, quería llegar a ustedes y a su orgullosa ciudad de Rosario. Desde el ataque, he estado leyendo más sobre sus seres queridos. Cómo eran todos, muy divertidos, y les encantaba bromear entre ellos, como mis amigos y yo. Que el líder del viaje era un agente inmobiliario. Yo también estoy en bienes raíces. Leí que habían hecho un pacto para celebrar su reunión en un destino fabuloso, eligiendo finalmente la ciudad en la que yo nací y crecí, que a menudo la llaman "la ciudad más grande del mundo". De hecho, es la ciudad más grande del mundo por la razón exacta por la que sus seres queridos decidieron celebrar aquí. Es donde el mundo viene a comer, beber, caminar, comprar, reunirse con amigos que viven aquí y conocer a amigos de todo el mundo. Todos los días durante el almuerzo, camino por Prince Street, en el distrito histórico de SoHo, y me presento a extranjeros de todo el mundo para ayudar con las instrucciones o simplemente preguntar si les gusta Nueva York. Conocerlos a todos trae alegría a mi vida, todos los días. Ahora estoy en el proceso de organizar una reunión de cinco u ocho amigos que asistiremos a una boda en Buenos Aires, y sin duda alguna llegaremos a Rosario con camisetas que digan "LIBRE" para homenajear a sus seres queridos. Por favor, sepan que la ciudad de Nueva York y yo, nunca olvidaremos a sus seres queridos. Todos somos uno mismo, pero bello en toda nuestra diversidad y amor mutuo. El terror y el odio nunca vencerán la amabilidad y el amor. Nunca. Por favor, sigan viniendo a esta gran ciudad. Esperamos verlos pronto en Rosario. Dios los bendiga a todos ustedes y sus familias.

El curro del gatillo fácil

"No te hagas la estúpida. Yo soy un asesino y no me va a temblar el pulso para matarlos a los tres", gritó el delincuente de 17 años, ante la imposibilidad de una señora que, por su avanzada edad, no podía acatar la orden de tirarse al suelo. El delincuente no advirtió que ya se había activado un botón de alarma. Cuando se aprestaba a darse a la fuga, se detuvo un patrullero policial con dos agentes a bordo. El ladrón se escapó y a pesar de haber numerosas personas en esa noche del viernes 11 de marzo de 2016 en la ciudad de Santa Fe, el autodefinido como "asesino" no vaciló en disparar contra el joven agente policial que lo perseguía a riesgo de su vida. Durante la persecución, el efectivo policial repeliendo la agresión, alcanza al delincuente con un disparo en la cabeza, desde una distancia de unos 30 o 40 metros. Para el valiente policía, Emiliano José Navarro, quien, jugándose la vida, no abandonó la persecución del delincuente, todos eran elogios. Pero siempre están los caranchos y el otro gran curro. El curro del gatillo fácil. Pasa el tiempo, se consiguen testigos, algunos pueden rectificar sus primeras declaraciones, otros testigos que nunca estuvieron ahora dicen haber visto todo. Hasta no falta quien haya corrido junto al menor delincuente y al atlético policía. Un "trapito" que no creo que alcance a correr cincuenta metros. Y todo sirve para el curro del gatillo fácil. Desprestigiar a la buena policía, esa que no vacila en jugarse la vida en defensa de la sociedad. Condenar a la cárcel a un inocente y hacerle juicio al Estado, que terminará pagando una jugosa indemnización, con el fruto de nuestros impuestos. Mañana estaremos más indefensos que hoy. Los buenos policías, ante un hecho delictuoso, mirarán para otro lado, por temor a terminar presos por muchos años. En tanto el padre de un peligroso delincuente se verá beneficiado con una importante suma de dinero, como indemnización, por el solo hecho de que su hijo fue abatido cuando había cometido un asalto a mano armada. "Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras".

Polémica en el VAR

River Plate, sin discusión, fue perjudicado. Fue penal, inapelable, fácil de ver, no era necesario el VAR. Sigue sin saberse la razón por la cual jugadas claras los árbitros no las cobran, o las cobran mal (penal que no fue a favor de Boca en Copa Argentina, penal a Teo Gutiérrez no concedido a Central en Copa Argentina contra River), con árbitros bien ubicados, cerca de las jugadas. Entonces cabe pensar dos o tres cosas: o bien el árbitro ignora o desconoce el reglamento, actúa de mala fe, o por capricho, a favor de uno de los dos rivales, o es un inepto en su profesión. Lo que queda claro es que con VAR o sin VAR sigue ocurriendo lo de siempre: se sigue ignorando jugadas clarísimas, River se vio privado de la posibilidad de pasar a la final de la Copa Libertadores ya que de lograr tres goles de diferencia, posibilidad que le negó el árbitro. Es inadmisible que en ocasiones se hable de intencionalidad, mano en el área es penal. En definitiva, se agrego la novedad del VAR, pero seguimos en la misma, el árbitro aplica criterios incomprensibles, como que tuviera su propio reglamento e ignorara el auténtico. En definitiva, llegó el VAR para no cambiar nada, seguimos en la misma.

Los muchachos del "Poli"

Muchos escritores, por error, a veces escribimos con exagerado uso de adjetivos calificativos. Hoy la violencia usada contra los muchachos rosarinos en Nueva York, los amigos "del Poli", borró esos adjetivos de un plumazo. No hay palabras. No se esfuercen. No alcanzan. Sólo podemos hacer dos cosas: una, es pensar cómo podemos contribuir cada uno de nosotros para pujar por la paz y sumarnos de verdad a quienes auténticamente luchan por ella. Y la otra, abrazar a las familias de estos muchachos en el amplio sentido de la palabra. Con cuerpo, alma y solidaridad. Por los muchachos, por nosotros, por el futuro.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario