Martes 13 de Mayo de 2008
Cada fin de semana los vecinos del barrio de Pichincha vivimos una odisea. La gente que concurre a las distintas discotecas (especialmente la conocida como Madame) suben los autos a las veredas, incluso obstruyendonos la puerta de ingreso de nuestros domicilios. Así, uno no es dueño de entrar ni de salir de casa porque tenés los autos prácticamente adentro del living, no respetan portones, ni garages, ni nada... Es la ley de la selva, y eso en el mejor de los casos. A todo esto hay que añadirle los vómitos y orinas que nos propinan sobre las puertas y paredes, las alarmas que disparan (a propósito) quedan sonando por horas, las picadas de autos y los gritos cuando tipo 5.30 comienzan a dispersarse todos (en su mayoría alcoholizados). Cuando regresan a buscar los autos no se retiran, sino que se quedan sobre las veredas, en grupos, tomando más cerveza, gritando, molestando, tocándonos el timbre. Aceleran los motores de manera desenfrenada, tocan las bocinas insistentemente, y ponen música a todo volumen. Me pregunto hásta cuándo y hasta cuánto debemos soportar sin que nadie haga nada. Los derechos de los vecinos a descansar son tan válidos como los de los jóvenes a divertirse, pero no debemos olvidar que los derechos de unos terminan donde comienzan los de los otros, si no nos convertimos en salvajes. Les puedo garantizar que es desesperante, no se puede dormir, no se puede vivir.
DNI 14.704.180