Bienvenidas a la vida
Uno de los aspectos que más me impactó de estas mujeres, las rehenes de las Farc, es el modo en que hablan. Se expresan con ternura, diría hasta con dulzura y calidez. El cautiverio que padecieron durante seis años no las ha envilecido...

Domingo 20 de Enero de 2008

Uno de los aspectos que más me impactó de estas mujeres, las rehenes de las Farc, es el modo en que hablan. Se expresan con ternura, diría hasta con dulzura y calidez. El cautiverio que padecieron durante seis años no las ha envilecido, no les ha exprimido la humanidad. Las frases que salen de sus bocas no portan odios ni rencores. Al contrario, están empapadas de agradecimiento, de reflexión, de solidaridad, de amor y de esperanza en una paz posible. Las historias de estas mujeres coinciden en más de una oportunidad. Dos colombianas involucradas en el quehacer político del propio país. Dos vidas truncadas por la injusticia de los secuestros. Dos existencias guiadas y sostenidas, durante un cautiverio semejante a una pesadilla sin pausa, por la fuerza del amor. Habrán soñado hasta con los ojos abiertos el momento único, irrepetible de los abrazos conmovedores con el hijito nacido en las entrañas de la selva y con la primera nietita... Pequeños seres capaces de tomar protagonismo en los sentimientos de Clara y Consuelo, al punto de hacerles pensar en la vida cuando sobrevivían en el horror. Sus existencias cautivas han recobrado sentido a partir de dos criaturitas, tal es la fuerza que albergan hijos y nietos, la descendencia, que no es otra cosa que la proyección de cada uno, de la humanidad misma, en el tiempo. El fin del secuestro de estas mujeres nos enseña cuáles son los valores esenciales que tendríamos que tomar como directrices en la vida, a partir de la libertad misma, que debemos defender sin concesiones. Es imprescindible que la familia, la solidaridad, la justicia y la paz surjan y se instalen en lo más alto de cada sociedad. Estas mujeres (no son las primeras ni las únicas) nos hacen ver una vez más que la fuerza de los sentimientos buenos y genuinos es inconmensurable. Al mismo tiempo, nos recuerdan que la guerra y el odio tienen su único fin en la muerte, que es como decir, la nada. Gracias señoras por estas valiosas enseñanzas. Bienvenidas a la vida.
Laura Oviedo