Cartas de lectores

Basta de picadas en zona norte

Hay picadas de motos y autos en la zona del Parque Alem, Nansen y Hernández, avenida Frondizi hacia el puente del arroyo Ludueña; avenida Colombres, Pucio, ida y vuelta, una locura.

Jueves 03 de Octubre de 2019

Hay picadas de motos y autos en la zona del Parque Alem, Nansen y Hernández, avenida Frondizi hacia el puente del arroyo Ludueña; avenida Colombres, Pucio, ida y vuelta, una locura. Comienzan a las 23 y continúan hasta que, por cansancio de tanto llamar, aparece Tránsito, con la colaboración del 911, y paran, pero cuando la autoridad se retira continúan hasta las tres o cuatro de la mañana. Tenemos hijos con TEA (autismo, Asperger). Por favor, nadie toma medidas para terminar con esta locura. Hace más de un mes que no dormimos. Los hijos no pueden aguantar los ruidos, entran en crisis, y los padres tenemos que trabajar. Debería haber en la zona una guardia casi permanente, por lo menos en los horarios que ya están claros por las llamadas de los vecinos. Que alguien termine de una vez por todas con este flagelo. ¿De dónde sacan el dinero para el combustible para las picadas? Motos nuevas, sin patentes, con escapes cambiados, sin silenciadores. Igual pasa con autos, de alta gama y no de tan alta, sin silenciadores, haciendo explosiones, ademas de las aceleradas donde rugen los motores. Todas las noches. También hacen picadas los fines de semana desde las 16 o 18, corriendo a alta velocidad entre la gente que tiene derecho a circular tranquilos con sus familias por la vía pública, y que tienen que estacionar para no ser atropellados. Cuando llega el 911, estos irresponsables, como en estampida, motos y también cuatriciclos escapan subiendo en contramano por Maciel. ¿Cuántas infracciones se producen al mismo tiempo, violando reglas, ordenanzas, leyes, y no respetando a los habitantes de esta ciudad que tienen derecho a descansar y a vivir en paz?

María Gialleonardo

Presidente Asociación Asperger Rosario (Aaroa)

Triste realidad rosarina

Cuesta decirlo e incluso pensarlo, pero la prisión para perros y gatos sin hogar sigue funcionando a pleno bajo el nombre de Instituto Municipal de Salud Animal. Su infraestructura no se ha modificado desde principios del siglo XX y sólo se han hecho pequeñas reformas que poco influyeron en las instalaciones dedicadas a los animales que continúan inmovilizados en diminutas jaulas y padecen la tortura del encierro por años. Perros que pierden su movilidad, otros que abandonan sus deseos de vivir, perros que sienten miedo y pánico es la imagen cotidiana y real que se percibe. Algunas preguntas sin respuesta oficial, ¿cuál es la causa que determina que seres vivos que sienten y sufren sean convertidos en desechos descartables de una sociedad que transforma en víctimas a los que ya sufrieron el cruel acto del abandono? Habiéndose inaugurado, después de la ardua lucha judicial, una Guardería y Centro de Adopción Municipal Pública y Gratuita. ¿Por qué no se utilizan sus caniles para albergar a esos animales, que han sido arrancados de la libertad, sin justificación ni sentido alguno? ¿Para quiénes se destina ese lugar? Tal vez para los bonitos, simpáticos y pequeños, mientras los demás siguen cumpliendo su condena a perpetuidad. Es aberrante que todavía exista en la ciudad de Rosario una cárcel para perros. Si las autoridades insisten en castigar a los inocentes, por qué, al menos, no los ubica en un sitio con mejores instalaciones. La decisión errónea de mantener presos a animales de compañía y la infraestructura obsoleta no son los únicos males que sufre el Imusa. Sus empleados deberían ser seleccionados por su excelente foja de servicios y su amor a los animales y no por otras causas que nada tienen que ver con estas dos condiciones que tendrían que ser determinadas. Una nueva gestión se avecina. Hay situaciones que hay que modificar de raíz porque los paradigmas respecto a todas las criaturas vivientes se han cambiado. Hasta que las últimas jaulas queden vacías y el Imusa sea un Centro Primario de Salud y Control Poblacional mediante la esterilización masiva seguiremos alertas.

Felisa Aurascoff

Lágrimas de cocodrilo

Sin la mínima duda de la admiración que el candidato Alberto Fernández sentía por su mentor y amigo, el ex procurador Esteban Righi, y al verlo llorar en el homenaje que le brindaron algunos colegas, militantes políticos e integrantes de la agrupación filokirchnerista "Justicia Legítima" en la Facultad de Derecho, vino a mi memoria el día que la entonces presidente Cristina de Kirchner "lo echó" en un claro acto de respaldo a su vicepresidente Amado Boudou, en uno de los hechos más graves de corrupción de la historia, y él, lejos de poner el grito en el cielo y respaldarlo como tal vez se merecía, no esbozó ni una palabra en defensa de las graves acusaciones que lo involucraban, entre otras cosas, en el "tráfico de influencias".

Marta Escobar

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