Cartas de lectores

Arrebato israelí

Sangre, destrucción, llantos y lágrimas. Impiedad. Todo esto y mucho más es lo que se está sufriendo en Palestina. La tierra de Jesús. La cuna del Mesías. Vapuleada y vejada por el pueblo elegido de Dios. Israel.

Jueves 09 de Julio de 2020

Sangre, destrucción, llantos y lágrimas. Impiedad. Todo esto y mucho más es lo que se está sufriendo en Palestina. La tierra de Jesús. La cuna del Mesías. Vapuleada y vejada por el pueblo elegido de Dios. Israel. Qué paradoja. Un mismo Padre para las tres religiones monoteístas más influyentes del planeta. Judíos, cristianos y musulmanes. En definitiva se cumple lo que Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad, anunciara en el Evangelio de San Mateo, Cap. 10 Vers. 34. Pero más allá de la impactante cita evangélica, el mundo está contemplando con asombro la intentona final de anexión por parte de Israel del remanente de los territorios palestinos. Un inesperado arrebato hacia la Nación Palestina a manos del moderno Estado de Israel, impuesto al mundo por Resolución General de la ONU el 29 de noviembre de 1947. La semilla del Estado de Israel está envenenada. No puede dar frutos genuinos. Es fruto de la rapiña. Nunca puede haber paz en el pueblo hebreo cuando ocupa una tierra que no le pertenece. No puede haber paz masacrando a niños, mujeres y ancianos. Y la única solución posible y definitiva es que devuelvan a sus antiguos y legítimos dueños la tierra ocupada ilegítimamente. Los países árabes no deben permanecer autistas ante esta nueva injusticia contra la Nación Palestina. Deben poner coto a ello porque la misma sangre que baña hoy la Tierra Santa de Palestina, es la que corre por las venas de todos los árabes, musulmanes o cristianos. Quiera Dios que en la tierra de su Hijo flamee finalmente la bandera de la paz y se llegue a una concordia definitiva para ambos pueblos. "El que compra la paz con el oro no la podrá sustentar con el acero". Saavedra Fajardo.

Jorge Enrique Yunes

Los niños en buenas manos

Nuestro Jardín maternal abrió sus puertas por primera vez el 15 de julio de 1980. Su creación obedeció a cubrir las necesidades de cuidado de los hijos de las empleadas de la Osecac, para luego extender este beneficio a todas las madres trabajadoras del gremio mercantil. Luego del Jardín Rosario, se crearon tres nuevos Jardines en CABA y uno en la provincia de Buenos Aires. La calidad prestacional, nivel de organización, la actualización profesional y buen desempeño, fueron los aspectos que llevaron a la Omep (Organización Mundial de Educación Preprimaria) a posicionarlos dentro de los cuatro primeros lugares a nivel mundial. Las crisis por las que atravesaron las instituciones en el año 90, desembocaron en el cierre y/o concesión de dichos Jardines. Sólo el Jardín Rosario logró subsistir gracias al apoyo del Sindicato de Empleados de Comercio local, los esfuerzos de su personal y el reconocimiento de la comunidad. A lo largo de estos 40 años fuimos creciendo y evolucionando. Queremos agradecer y abrazar a todos aquellos que fueron y son parte de este querido y valorado proyecto: autoridades, personal, familias y niños. Por muchos años más.

Jardín Materno Infantil Osecac

"Soy yo, Cristina, pelotudo"

Como consecuencia del feroz ataque anunciado hacia el periodismo y parte de la oposición por parte de las huestes de la vicepresidenta (que sin duda está más ocupada en monitorearlo, sin importarle nada sobre la pandemia ni la cuarentena, de eso se ocupa el que ella designó para que trabaje) trascendieron nuevamente, como hace varios meses atrás, audios de CFK y Parrilli. En los audios, ella le recrimina por los errores que cometen quienes lo secundan y por el no control por parte de él respecto a las argumentaciones que rodean esos operativos de inteligencia (si, Parrilli hace inteligencia, aunque cueste creerlo). Lo que queda en claro es que, lejos de pensar en preocuparnos por los temas que el país necesita debatir y consensuar para salir de la peor crisis de su historia, los argentinos seguiremos enfrascados en observar por televisión estos "operativos chiquitos" (como son los de contrainteligencia) en vez de pensar en los próximos 10, 20 años. A pesar de que nos anunciaron de que volvían mejores, sigue sin aparecer una mente esclarecida, que ilumine el camino que deberá transitar la República pospandemia.

Otto Schmucler

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