Cartas de lectores

Amor por la patria

Sábado 15 de Febrero de 2020

"Hace más ruido un hombre gritando que cien mil que están callados", José de San Martín. Ante la creciente difusión de que el Convento de San Lorenzo, ya sin padres franciscanos que lo habiten, su biblioteca con incunables de gran valor y todo lo que el Gral. San Martín y sus soldados defendieron para darnos una "Patria grande y soberana" está en peligro de pasar a manos privadas, si es que ya no pasó, deseamos como ciudadanos no sólo de San Lorenzo sino de todo el país ser informados y no con respuestas evasivas o pseudotranquilizadoras de parte de las autoridades actuales o salientes. Queremos la verdad sobre este tema tan sensible como doloroso, que nos informen de la situación real de todo este sector histórico, del que tanto nos han enseñado en la escuela, en los libros y nuestros padres a entonar la Marcha de San Lorenzo. Quisiera también que la Comisión de Sitios y Monumentos Nacionales, Ministerio de Cultura de la provincia o la Municipalidad de San Lorenzo, implicada en forma directa, expida un documento aclaratorio de lo que sucede. Si intereses privados, especulativos, en connivencia o no con autoridades, han permitido la barbarie de ceder lo que nos pertenece como depositarios y defensores del valor y el honor de nuestro pasado histórico. Amor por la Patria, dijo San Martín, que se cumpla.

¿Presos políticos o políticos presos?

Leyendo tapas de diarios es fácil encontrar la comprobación de nuevos casos de corrupción de algunos "presos políticos o políticos presos", que no son otra cosa que impúdicos políticos. Y que deberían tener que transformarse en "presos perennes", con los que tenemos que terminar de una buena vez. Hace unos días, por caso, tropezábamos con la noticia de que un empresario (Grecco) se hizo multimillonario durante el gobierno que terminó en diciembre. Era secretario de Comunicación Pública y su patrimonio creció 3.587 por ciento en esos cuatro años. En sintonía con este caso, los medios online publicaban que el fiscal Picardi aportó pruebas sobre el circuito de las coimas del soterramiento del Sarmiento donde están involucrados funcionarios de las dos últimas administraciones (tal fue el miedo a las consecuentes demandas multimillonarias a las que se expondría el Gobierno que aún no se sabe si se dará por muerto ese proyecto), y no pude menos que reflexionar sobre esto. De nada sirve observar cómo se pelean desde ambas orillas de la grieta acusando al otro. Y la solución no es tan difícil, son tres pasos: cárcel para el corrupto, extinción de dominio y aumento de las condenas por daño doblemente agravado. ¿Habrá que hacer un cacerolazo multitudinario para que la política tome registro de la urgencia?

Hablamos de violencias, en plural

Porque no es lo mismo la violencia que se produce como sustituto (Erzatz) de la pulsión tánatos (la pulsión de muerte) rechazada, de aquélla que es sólo la expresión de este tánatos por sí misma. La violencia es la que es. La rosa es porque es, no tiene causa. Es sólo el placer de la violencia, el "goce" de la misma hasta la muerte propia o la del semejante, como sucede en los femicidios o en las salidas de los boliches. Esa violencia que mata, es ella para gozar, distinta a aquélla donde ese "goce" queda prohibido, interdicto, reprimido y puede simbolizarse en el lenguaje que ha hecho factible la aceptación de esa violencia en algo humano con mayor o menor grado de aceptación social. Goce rechazado, rechazo del "goce" en lo real efectuado por la ley del deseo. En este punto se trata de un síntoma, pero cuando no es erzatz, sustituto, entonces no nos encontramos con un síntoma, sino con un acto: la violencia, no como retorno de lo reprimido, sino como un acto terrible, con consecuencias judiciales en las personas involucradas, que se encuentran más allá de la ley del deseo. Es violencia sin palabras, no hay ficción judicial-penal que la frene. El periodista Samuel Gelblung, refiriéndose a los derechos de las mujeres, siempre comenta: "una penalidad de restricción es una amenaza de muerte". Quiere decir que no alcanza la ley, y que recurrimos a la ley para la distribución de los derechos, a gozar, y en definitiva, del derecho al goce de la cosa.

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