Domingo 10 de Agosto de 2008
Me preguntan cómo es Cuba. En el mes de mayo estuve en La Habana. Como en todos lados, existe un circuito turístico. Viajé con la premisa de lograr una opinión propia sobre la vida en Cuba. Inevitablemente toda observación siempre está viciada de subjetividades. Mi idea era salir de lo que se muestra al turista y sumergirme en los barrios, tomar cerveza donde toma el cubano, conocer cómo y dónde viven, qué piensan. En fin, tenía yo los interrogantes que tenemos todos. Hoy me bombardean a preguntas sobre el tema. A los cubanos (no hablo sólo de La Habana, ya que he estado en otras provincias) los dividiría en dos grupos: los de más de 30 años, que se encuentran resignados a morir allí, y los jóvenes, que tienen como principal objetivo de vida conocer a algún extranjero con quien casarse para poder salir del país o al menos relacionarse con algún turista para obtener algunos dólares que les permita salir por un rato de la pesadilla en que viven. Para lograr eso están dispuestos a realizar cualquier favor, lo que los lleva a la forma más denigrante de esclavitud y prostitución. Pero existe igualdad en la salud: todos carecen de ella, salvo un sector minoritario privilegiado relacionado directamente con el gobierno. La educación secundaria es libre y obligatoria, el analfabetismo no existe. Todo esto es cierto, si se considera alfabetizado a aquel que conoce la letra "a". No conseguí un solo taxista que supiera leer el plano que yo llevaba. No sé qué clase de salud se puede brindar en los roñosos hospitales de La Habana (ni hablar de otra provincia) donde ni siquiera hay alcohol, se dice que por culpa del bloqueo. Cuba mantiene relaciones con 120 países, puede comprar y vender cualquier cosa. Lo que sucede es que es un país pobre cuyo único ingreso es generado por el turismo, porque no hubo capacidad de crear otra fuente de ingreso por parte de un gobierno completamente inútil que además niega toda forma de iniciativa privada. Me afirman: "Pero no hay villas miserias como en Argentina". Claro que no, el país es una sola villa miseria. Con la diferencia de que aquí existe, por mínima que sea, la esperanza de otra cosa. Me preguntan: "¿La gente es feliz?". Algunos sí, poseen la felicidad del perro, sustentada por la ignorancia y la resignación. Recorriendo La Habana con capacidad de observación, uno llora. Piensa en aquellos idealistas que viven lejos y defienden el sistema. Sin darse cuenta de que son asesinos, que contribuyen a sustentar el estado en que vive esa pobre gente, a la que le falta el valor más preciado, la libertad. Me saqué una foto con Walter, un cubano en cueros, sentado en el umbral de su casa. Señalo la cámara y me pidió: "Llévame a un lugar bonito".
Sergio Valdano, DNI 13.923.552
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