Cartas de Lectores

Algo tiene que estar mal

Jueves 14 de Enero de 2021

A fines de 2014 un amigo comenzó con un emprendimiento de servicios de limpieza. Contrató a su primer y única empleada, quien a los 8 meses tuvo una caída en la calle al salir de trabajar. Se dobló el tobillo y estuvo 35 días sin trabajar. Ya recuperada, al mes tuvo otra, también en la calle. Rosario no debiera sentir orgullo del estado de sus veredas, así que hasta ahí, bastante mala suerte, pero, posible. En la segunda supuesta caída se dobló el dedo índice de la mano derecha. Luego de la rehabilitación necesitó 40 días para el alta, pero en un control la empleada manifestó que también se había golpeado la rodilla. Luego de otros 30 días, ante la inminente alta médica, ahora le dolía el tobillo, motivo del mismo “terrible accidente”. Luego de 105 días sin trabajar por un simple tropezón finalmente le dieron el alta, debiendo reincorporarse a trabajar el 15 de diciembre de 2015. Pero la “intachable empleada”, según la sentencia, no avisó de su alta médica ni su supuesta disconformidad con el alta. Tampoco avisó ninguna nueva dolencia.

Un correo electrónico de la A.R.T, el 21 de diciembre de ese año, alertó a mi amigo. Desde ese día intentó comunicarse con la empleada telefónicamente. Incluso fue a su domicilio. Finalmente, el 28 de diciembre, Día de los Inocentes, como mi amigo, cansado del silencio de la empleada, mandó carta documento instándola a regresar a trabajar en 48 horas. La recibió el 30/12. El 31/12 y el 2/1, ambos días laborables, no se presentó a trabajar ni llamó. Por lo que el 4/1, habiendo pasados los 2 días, pero repitiendo que habían pasado 21 días desde el alta sin tener noticias de su empleada, mandó el despido justificado.

¿Cómo siguió todo? Cruce de cartas documentos. La empleada contestó más tarde que ahora padecía una lumbalgia. Cuatro enfermedades por el precio de una caída leve de 50 cms. Decía tener un certificado de un médico que nunca, luego de ser citado 6 veces, se presentó en juicio para validar su diagnóstico. Pero tenía estampilla, y eso parece que le da validez a todo, siempre según la jueza a cargo. En Argentina no se consiguen certificados “truchos”, no señor. Los plazos (21 días corridos) eran pocos para que la empleada comunicara su voluntad de continuar la relación. El correo no trabaja los sábados y entonces el empleador, luego de 21 días corridos, debiera haber esperado más tiempo para enviar el despido. Para colmo de males, la empleadora había mostrado mala fe al esperar las fiestas para despedirla. No hubo buena fe por parte de la empleadora en intentar contactar a su empleada, sino que todo fue una conspiración para despedirla en Año Nuevo. Y si había dudas, la jueza confirmó la mala fe de mi amigo al no recibir la carta documento los días 5 y 6 en su domicilio (también de la empresa) como si, mientras padecía todas estas cosas, atendía el teléfono, hacía de cadete, de jefe de compras, intentaba trabajar y dar trabajo, pudiera estar en su casa todo el día esperando la llegada de una carta documento.

Mi amigo no negoció ningún arreglo extrajudicial, así que le hicieron un juicio, el que intentó que sea lo más rápido posible, presentándose a las audiencias y acortando toda posibilidad de dilatación, esperando la pronta sentencia que hiciera justicia.

Ya con el juicio en marcha pudo averiguar que la empleada tenía varios juicios ganados a su favor, uno en 2008, por una lesión del dedo de la otra mano.(Debiera haber un registro de empleados que tengan mucha mala suerte y siempre terminen en juicio con sus empleadores). Igual esto no influyó en la subjetividad de su señoría para ver realmente quién había obrado de mala fe. Ahora le toca a la Cámara de Apelaciones decidir, pero ¿qué se puede esperar? Parece que el “mito” de la justicia laboral es cierto. No se puede ganar.

Si la “gente” ya no tiene la dignidad de trabajar, menos va a tener la dignidad de renunciar a su trabajo.

Me considero una persona optimista y es por eso que me reconforta contarles que en contra de todas las probabilidades, mi amigo logró hacer crecer su empresa, sumando clientes satisfechos, no tiene deudas y le da trabajo hoy a más de 25 personas.

Pasillo y palmadas, con un “olé, olé, olá” para mi amigo. Yo me sumo al reconocimiento de estos héroes que todavía existen en Argentina, contándoles esta historia. ¡Salud y feliz 2021!

Alejandro Mondino

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