Sábado 31 de Mayo de 2008
Luego de una prolongada enfermedad de tres años, mi querida madre partió físicamente de este mundo. A lo largo de todo ese largo, prolongado y difícil momento, estuvo acompañada, en todo instante, por su profesional, a quien no importaban ni la hora ni los días festivos en que yo lo llamara. Siempre supo acudir y estar, no sólo a su lado, sino incluso también conmigo, siendo el caudal de contención, no sólo de un médico, sino de un ser humano comprensivo, afectuoso y por encima de todo con esa sensibilidad exquisita de hombre de bien que lo caracteriza. No minimizo, por supuesto, también el cuidado y atención de las señoras que estuvieron hasta su final, a quienes agradezco profundamente. Pero sin su intervención constante, su empeño en mejorar la calidad de vida de mi madre en esa larga agonía donde era inevitable el final, todo hubiera sido peor. Creo que, si existe un más allá, en el cual personalmente creo, mi madre, cuyas últimas palabras no fueron para mí sino para usted, debe estar diciéndole lo mismo que le digo yo ahora: gracias doctor Hugo Brizuela. Usted es un ejemplo para todos los médicos.
Diana Terán,
DNI 5.803.395