Cartas de lectores

Adopción en el Imusa

Martes 26 de Noviembre de 2019

Algunos perros y gatos de Rosario son capturados a la vida y a la libertad y encerrados en diminutas jaulas herrumbradas, alineadas en oscuros y húmedos pabellones malolientes. Durante meses y años permanecen ignorados, oyendo sólo el clamor de los ladridos de sus compañeros de desventuras. Para ellos existir es sobrevivir al encierro, a la soledad y al miedo. Poco a poco sus ojitos se apagan y sólo la tristeza cubre los huecos vacíos de mirada. Pero allí comienza mi historia, cuando decidí adoptar un perro del Imusa. Momento en el que comienza una epopeya increíble. Cuando la persona decide qué animalito va a adoptar y pide llenar el formulario respectivo se le contesta que eso no será posible, indicando que debe traer todos los perritos que habitan en su hogar para ver si es posible la convivencia. Impedimento represivo, absurdo y falto de lógica, que tiene una consecuencia irreversible. El adoptante se retira frustrado y el animal es reintegrado a su jaula para terminar su existencia como un espejo distorsionado de alguien que alguna vez supo ser un perro. No existe ningún protocolo que pueda cercenar, desnaturalizar o distorsionar ordenanzas y leyes vigentes, porque los protocolos sólo son acuerdos técnicos y de procedimientos basados en aquellas. El personal voluntario que actúa en el Imusa no puede convertirse en propietario de la vida de los animales, aislados en la institución sin causa alguna. Los perros no son rehenes de ninguna repartición municipal, son seres conscientes y libres que deben desarrollar su existencia en las condiciones naturales que les corresponden, conforme a la especie a la que pertenecen.

Felisa Aurascoff

DNI 6.433. 038

Asociación Animalista Mahatma Gandhi

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